Logo numerev
Cahiers de Psychologie Politique

A excepción del movimiento de los campesinos zapatistas del estado de Chiapas -cuyo líder, por los altos vuelos, la fama que ha adquirido y otros atributos personales que le asisten, "se cocina aparte"-, puede decirse que el resto de las últimas luchas que han brindado los distintos pueblos, comunidades y grupos de ciudadanos en el país, se han caracterizado por la ausencia notoria de liderazgos protagónicos; una ausencia que en la práctica les ha venido a beneficiar, dado que al devenir en virtud, a ella se debería, según nuestro punto de vista, el éxito político alcanzado por los movimientos de resistencia de San Salvador Atenco y de la región de Tepeaca, Puebla, donde los gobiernos federal y estatal, respectivamente, recién cancelaron y pospusieron la puesta en marcha de grandes proyectos de inversión.
Pero, ¿por qué es importante que nos ocupemos de este tipo de liderazgos y en un Congreso Internacional de psicología social?. Las razones son varias y de distinta índole. En primer lugar se trata de líderes modestos y naturales, que si bien son ampliamente conocidos en su comunidades y tienen tejidas con ellas fuertes redes afectivas, no han llamado con ello la atención de los grandes y sesudos investigadores de la psicología socia y de la sociología; en segundo término, nos guste o no, estos “líderes de mediano alcance”, o “regionales” –como suele llamarles la psicología oficial- han actuado con mucho éxito político, lo cual, muy probablemente, se deba, como dicen los Moscovicianos, a sus estilos de comportamiento propios y a su cercanía y profunda identificación con sus coterráneos; y, una última y compleja razón es que los proyectos del gran capital –con todo y su idea técnica de progreso social- están encontrando en las pequeñas comunidades campesinas barreras infranqueables para su realización, asunto que, por lo demás, no solo implica, obviamente, aspectos psicosociales, sino también culturales, políticos y de otro orden.
Trataremos de destacar aquí lo relativo a los rasgos que caracterizan a este tipo de líderes y a sus perspectivas de éxito en tanto que, al lado sus comunidades, constituyen los nuevos sujetos sociales del movimiento de resistencia al gran capital.

De los grandes e iluminados líderes a los modestos representantes populares

Los últimos movimientos sociales que hemos presenciado en nuestro país, más específicamente los que van de los pobladores de Atenco a los de Tepeaca, nos arrojan interesantes enseñanzas en temas como la organización, la resistencia, la conducción, la solidaridad social, las formas de lucha y el liderazgo –entre otros muchos-, llamándonos más la atención a nosotros este último, tanto para su análisis, como para hipotetizar algunas cosas sobre él; de modo que en este trabajo hacemos una serie de reflexiones y de afirmaciones, más en calidad de hipótesis para su discusión, que de pretendidas verdades consumadas.

Y bien, en primer lugar queremos señalar que, en estos dos movimientos citados, el fenómeno del caudillismo está completamente ausente, y con tal ausencia no hay, lógicamente, lugar a protagonismos individuales e individualizantes; ni, por consecuencia, posibilidad alguna de manipulación a las masas que están participando, o mucho menos el peligro de que el movimiento pueda terminar siendo vendido por sus representantes.

En segundo término, estimamos -con base en la idea de que los pueblos en lucha aprenden unos de otros-, que de las Comunidades Zapatistas, hasta las asambleas conjuntas de las 9 entidades de Tepeaca y de Tecamachalco, Pue. (que han llevado a cabo el movimiento de resistencia al Proyecto Milenium), pasando por los pobladores de San Salvador Atenco, existe un elemento novedoso común que los define a todos ellos -siempre y únicamente en el proceso de lucha y no de manera  abstracta-, como organismos de carácter colectivo, como el verdadero y nuevo sujeto político, con poder de decisión comunitario y con capacidad de negociación directa, a través de sus líderes naturales, que son nombrados bajo el principio de la revocabilidad, o si se prefiere, bajo el entendimiento mutuo de que, si llegan a fallar, tendrán que renunciar y ser sustituidos por otros que la propia comunidad debe nombrar en asamblea. Aducimos aquí lo que Luis Hernández Navarro (2002: 19 ) hace favor de recordarnos cuando dice que, “el General en Jefe del Ejército Libertador del Sur  (Emiliano Zapata) consideraba que ‘la libertad municipal es la primera y más importante de las instituciones democráticas, toda vez que nada hay más natural y respetable que el derecho que tienen los vecinos de un centro cualquiera de población para arreglar por sí mismos los asuntos de la vida común y para resolver lo que mejor convenga a los intereses y necesidades de la localidad’...” . De modo que las luchas de Atenco (y de Tepeaca) son Zapatistas no porque el EZLN esté inmiscuido en ellas, sino porque “el zapatismo es una corriente que da cohesión, identidad y trasfondo cultural común a amplios sectores del campesinado mexicano” (ibid).

Como tercer punto, podemos decir que estos movimientos enseñan también que las viejas figuras del cacique puebleril -que controlando a comisarios ejidales y presidentes municipales, mandaba al pueblo a que se reuniera para hacerle valla al gobernador, o para aplaudirle al candidato en turno del partidazo oficial-, rodaron definitivamente por los suelos -cual torres gemelas o símbolos de un poder que eran intocables-, corriendo esa misma suerte las figuras o dirigencias formales de la estructura política existente, en especial los propios comisarios, presidentes municipales y diputados locales, que no se han integrado o no se quieren ceñir a los acuerdos dictados por el movimiento del pueblo.

En cuarto lugar -y con esto entramos al asunto del liderazgo-, algún campesino en manifestación de protesta, aquí en la ciudad de Puebla -debido al intento del gobierno de imponerles el Proyecto Milenium y de arrebatarles sus tierras de cultivo-, a propósito de la muerte del diputado perredista Teodoro Lozano, que los apoyaba y que llevaba la voz de ellos al Congreso del Estado, dijo que eso era lamentable, pero que de todos modos no se quedaban sin representación, pues "nosotros somos gente sencilla que se reúne para decirle a Concho (Concepción Colotla, el líder campesino natural de ellos) que él hable por nosotros".

Luego entonces, se impone que aquí nos preguntemos ¿quién y cómo es el tal Concho?. No por su vida privada, ni nada por el estilo; eso no nos interesa aquí, sino en términos de ¿Qué características tiene este líder que recibe de su pueblo toda la confianza?, ¿por qué él y sus acompañantes han podido conducir correctamente, hasta el final, las negociaciones que abrió su movimiento de resistencia para hallar soluciones a su favor?. ¿Tiene uno aquí que acudir a las clásicas explicaciones Weberianas del carisma y de los atributos insustituibles, para contestarse adecuadamente?., o ¿es necesario apoyarse en las teorías empresariales de las múltiples capacidades y virtudes personales del líder, para poder hablar de sus desempeños exitosos?. Parece que ni una ni otra cosa por separado son correctas. Mas bien pensamos que se hace necesario llevar a cabo una descripción, lo más objetiva posible, del conjunto del movimiento, tanto en sus aspectos externos o contextuales, como en sus dimensiones internas, que tienen que ver, estas últimas, con sus formas organizativas y de participación, con las redes de comunicación entre los pueblos participantes, con los contenidos de la discusión y con la atribución de responsabilidades para todos y cada uno de los ejidatarios, esposas, hijos y parientes que se consideran afectados; asunto que en términos teóricos nos aleja, definitivamente, de la tentación de solo centrarnos en el análisis de las características del líder, para fijarnos más, en cambio, en lo que es el sujeto colectivo que, por supuesto, no excluye al primero, pero lo dimensiona de otra manera, y sobre todo en el contexto de lucha.

Los candados al liderazgo individual

Si bien es cierto que el líder tiene que poseer virtudes individuales, necesariamente reconocidas por los demás –que en este caso son, por un lado, sus propios compañeros labriegos, y, por el otro, el gobierno o los patrones que negocian con él-, e incluso por él mismo; también es cierto que cuando la comunidad es la que discute, toma acuerdos y ordena ejecutarlos, el líder no es objeto de idealización, ni de culto a su personalidad; tampoco es considerado a la vieja usanza de la psicología popular: como jefe, como mando supremo, como padre, o como autoridad-privilegio por todos los demás que, a su vez, en tales casos se considerarían así mismos como subordinados, súbditos, seguidores, incondicionales, etc.

Al líder se le exige, sí, que simbolice la fortaleza de la organización, que exprese una imagen íntegra hacia el exterior, que tenga capacidad para plantear con claridad la información necesaria tanto hacia los suyos, como hacia afuera; que tenga decisión para llevar a buen término la negociación del conflicto que enfrentan como grupo (Rodríguez Estrada, 1996: 80-81) y, finalmente,  que demuestre resultados.

Sin embargo, para que la comunidad pueda confiar plenamente en el líder, este, además de lo señalado, debe mostrar firmeza en la defensa de la causa, debe exhibir capacidades para valorar adecuada y objetivamente la situación vivida a cada momento; debe ser flexible-rígido en la negociación –tal como aconsejan los estudios sobre estilos de comportamiento de Moscovici (1984)- y debe ser, por último, muy sensible para captar los sentimientos, los deseos y pensamientos del grupo que representa.

Sobre este mismo punto, cabría agregar incluso algunos aspectos que ha trabajado la psicología industrial, y que nos parece pertinente aplicarlos al caso que nos ocupa. Así, por ejemplo, Kast y Rosenzweig (1992: 390) indican que la gente quiere y espera de sus líderes por lo menos las siguientes cualidades: que tengan Convicción (con un proyecto ilusionante de futuro), que posean Serenidad (es decir, que sean calmados, modestos y centrados en la persona), que tengan Flexibilidad (asunto que ya comentamos), que posean Iniciativa y Capacidad de Valoración, y, finalmente, que su Influencia sea honesta desde una postura ética y no de manipulación, a fin de que su credibilidad sea alta y sostenida.

Nos parece entonces que en los casos de los liderazgos campesinos que aquí comentamos, aparte de que se pueden observar estas y otras virtudes personales en los dirigentes del movimiento (los señores Ignacio Valle y David Pájaro para Atenco, y Concepción Colotla y Pascual García para Tepeaca-Tecamachalco), la clave de su éxito radica, más que en ellas, en la peculiar relación que han mantenido con sus bases, porque sin su respaldo simplemente hubiera sido imposible realizar la hazaña que lograron de frenar los proyectos capitalistas del aeropuerto alterno al de la ciudad de México, y del Milenium para las regiones de Puebla, señaladas.

Resistir al gran capital y proponer las opciones alternativas: son las tareas de los líderes modestos

Hemos utilizado deliberadamente en el título la metáfora bíblica del modesto líder llamado David y su papel jugado en la lucha frente al gigante de nombre Goliat, para tratar de demostrar que cuando el pueblo está en movimiento no solo es posible conservar espacios de decisión propios (Atenco y Tepeaca serían los últimos ejemplos), sino que también es factible, como está a punto de acontecer en Brasil, que podamos conquistar campos mucho más vastos y complejos desde donde se pueden revertir las nefastas políticas económicas que han tenido postradas a las mayorías sociales. Ambos tipos de lucha -aquí en México la de la resistencia y por los proyectos alternos; allá en Brasil la electoral y del poder formal-,  quiérase o no, reflejan el juego dialéctico de las hegemonías y contra hegemonías de los bloques históricos, ahora insertos en un contexto mundial de tipo neoliberal, donde los pueblos y sus consecuentes  líderes (en algunos casos de toda la vida como Lula Da Silva, que ahora entra en la categoría que señala Alexandre Dorna de líder carismático, impulsando e impulsado por el neopopulismo;  en otros de formación o aparición reciente y de alcances mucho más modestos) están tomando la sartén por el mango y transformando la realidad conforme a sus intereses.

Tenemos que concluir, no obstante, haciendo énfasis en las profundas diferencias existentes entre las concepciones clásicas -que ven en los líderes a los grandes hombres salvadores de las muchedumbres, con poderes sobrenaturales y únicos hacedores de la historia-, y los conductores de movimientos populares como los aquí citados, que con mucha modestia, pero con toda convicción, luchan por las mismas causas del pueblo al que representan, sin más aspiración que la de servir, sin demagogia y en función de sus capacidades autopercibidas, a sus comunidades. El ejemplo, nos parece, se encuentra en la persona de Concepción Colotla, quien en el mes de agosto de este año fue acusado por un senador panista de querer ser diputado, a lo que el líder de los labriegos de Tepeaca respondió: “Yo lo único que quiero es ser campesino, no quiero nada que tenga que ver con el poder, porque ya lo dijo el Subcomandante Marcos, el poder corrompe, y no todos somos de la misma clase que ese senador”. Incluso, dijo, para reforzar su postura, “un grupo del PRD me pidió que buscara la presidencia estatal de ese instituto político”, sin embargo, como aclara el reportero, “el líder rechazó la oferta” (La Jornada de Oriente, 9/ago/2002, p.5) porque, dijo, ese no es su objetivo, ni tiene interés por estas formas de hacer política. Todavía más, como un elemento sumamente indicativo, de cómo los hombres del poder todavía perciben los conflictos y las maneras de solucionarlos a la vieja usanza, hay que decir que, en el mes de julio, el representante del PRI y a la vez presidente de la Gran Comisión del Congreso del Estado, Victor Manuel Giorgana Jiménez, invitó a Colotla a “tomarse un cafecito”, pero este rehusó porque aparte de que “no me gusta el café -adujo-, un asunto como el Proyecto Milenium no se puede resolver únicamente entre un par de personas, sino que tiene que intervenir todo el Congreso”, para que así también ellos, los representantes de las comunidades, puedan informarles a sus compañeros campesinos (La Jornada de Oriente, 5/jul/2002, p.5)

Pero esta no es una simple anécdota, sino una manera muy peculiar de actuar de este tipo de líderes, en la cual, como se ve, no hay nada de rasgos y de actuaciones mesiánicas que estén orientadas a salvar a las muchedumbres de la opresión y de otros males más; ni tampoco puede verse en este proceder, quizá atípico, dónde está “el gran hombre” poniendo en movimiento los gigantescos motores de la historia, tal como lo comenta Gustavo Le Bon (1983) para líderes de otras épocas y de las tallas de Jesucristo, Espartaco o Napoleón; finalmente tampoco encontramos en ellos los casos que señala la teoría de los grandes talentos especiales que le asistirían al jefe y al caudillo,  con todo y la contraparte psicológica que supuestamente les es inherente, esto es, la sumisión de sus respectivas masas, tal como lo observa Serge Moscovici (1985: 367).

No, en realidad, como ya lo dijimos, la fuerza de estos líderes radica en su extraordinaria convicción de que hay que hacer las cosas a la maoísta –sin que muy probablemente hayan leído a Mao-, es decir, con el pueblo y para el pueblo, sabiendo en todo caso que, es la comunidad y no el líder quien aplica las “bases de poder psicológicas” que conocemos por French y Raven, que consisten en saber cuándo castigar, cuándo recompensar, cuándo legitimar, cuándo aconsejar, etc., sin darse a la búsqueda –que en realidad es una pérdida de tiempo- de los hoy tan afamados perfiles de personalidad que más aproximación tendrían al concepto ideal de líder, sobre todo en los términos que los señalaba Max Weber (1981: 193), como una persona extraordinaria, posesionada de fuerzas sobrehumanas.

Pero, en fin, ya dijimos que estas concepciones clásicas acerca del líder como el gran hombre, gracias al cual se hace la historia, teóricamente y de manera definitiva, por la práctica de estos pueblos en lucha, han caído en desuso, aunque no así –lamentablemente- la actitud de muchos ciudadanos y de otras personas que siguen pensando en que la solución a los problemas del país solo puede lograrse con la llegada de un mesías político, sin tener ellas participación o iniciativas al respecto.

Por último, en relación a las conductas observadas en líderes carismáticos, podríamos decir que algunas de ellas son también propias de los modestos líderes de los cuales hablamos aquí, sobresaliendo, entre ellas, las siguientes:

1)Intuyen una oportunidad y formulan una visión porque son sensibles a las necesidades de la gente.

2)Comunican tal visión con un sentido profundo estratégico

3)Crean el compromiso con esa misma visión, haciendo que sus seguidores deseen fervientemente el cumplimiento de la misma

4)Muestran –incluso con el ejemplo personal- la posibilidad de lograr la meta; en síntesis, llenan las necesidades situacionales. (Abreu,  5).

Algo parecido nos dice Serge Moscovici, cuando afirma que, el líder carismático es aquel que cumple con los estilos de comportamiento que observan las minorías activas, es decir, que son innovadores y consistentes con sus puntos de vista; que saben aplicar el principio de la rigidez-flexibilidad para poder negociar los conflictos que ellos mismos generan o inducen; que construyen coherentemente sus argumentos para convencer a las mayorías y, desde luego, que son incansables activistas luchando por ejercer influencia y abrir procesos de conversión psicológica en los demás (Moscovici, 1984), aunque para el caso del que hablamos los líderes son las minorías de las minorías sociales de la región, y por eso los vemos manifestarse y ofrecer conferencias de prensa en la ciudad, porque saben que aquí están las mayorías que necesitan convencer, entre ellas a la intelectualidad universitaria que organiza y asiste a Congresos como este, donde supuestamente nos ocupamos de la realidad social, aunque sea una vez al año y desde lejos.

Como conclusión podemos decir que, siendo el tema mucho más complicado de lo que aparenta y de lo que hemos dicho aquí, los “pequeños” movimientos populares de resistencia y sus modestos liderazgos naturales, constituyen hoy en día la mejor pista de análisis para quienes buscan y se preocupan por la liberación del ser humano.

Abreu Sojo Iván, “Líderes, imagen pública y medios de comunicación social”, Latina de Comunicación Social, No.1, La Laguna, Tenerife, 1998.

Hernández Navarro Luis, “Atenco: Zapatismo y autonomía”, en La Jornada, 16/08/02,p.19

Kast Fremont y Rosenzweig James, “Administración  las organizaciones”, Ed. McGrawHill, México, 1992.

Le Bon Gustavo, “Psicología de las multitudes”, Ed. Divulgación, México, D.F., 1983.

Moscovici Serge, “Psicología de las minorías activas”. Ed. Morata, 1984.

________ “La era de las multitudes: un tratado histórico de psicología de las masas”, Ed. F.C.E., México, D.F., 1985.

Rodríguez Estrada Mauro, “Psicología de la organización”, Ed. Trillas, México, 1996.

Weber Max, “Economía y sociedad”, Ed. F.C.E., México, 1984


Tweet