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Cahiers de Psychologie Politique

El tema -dadas las actuales circunstancias sociales, políticas y económicas que atraviesa la región- implica necesariamente hacerlo desde una perspectiva ideológica: del compromiso. El quehacer psicológico siempre ha estado comprometido ya sea con los poderes hegemónicos o con los agraviados por estos de manera consciente o inconsciente. El escrito asume un compromiso consciente con los marginados y excluidos del sistema globalizador.

This issue -given the current social, political and economical circumstances the region is going through- has necessarily to be treated from an ideological point of view: the commitment. Psychological work has always been commited to both the hegemony's powers and the those others who are injured by these powers in a conscious or unconsciuous way. This essay assumes a conscious commitment with those who are out and excluded from the global system.

1-Introduccion

La mayoría de quienes hacemos Psicología Política en América Latina creíamos que la disciplina se desprendía de la Psicología Social. Esto se ha repetido cual una suerte de latiguillo sin ponerlo en duda, hasta que Dorna (2002) demostró la falacia de ello, al señalar que era anterior a la Social, no en su constitución formal, sino en cuanto a su existencia fáctica, aunque sin ése nombre. Es tan cierto que en Aristóteles y Platón se rastrea -en sus estudios políticos- que atendían a los atravesamientos de lo subjetivo. La historia del pensamiento confirma los dichos de Dorna, basta recorrer algunos clásicos políticos para ver referencias a tales atravesamientos: Maquiavelo, Hobbes, Locke, Hume, Smith, Marx, Veblen, etc.

Una explicación a la confusión de los orígenes de la Psicología Política está en que quienes la trabajamos en América Latina -no más de 15 años- lo hicimos con base en la Psicología Social. La mayoría de quienes aceptamos la propuesta de Montero (1987) procedíamos de la Psicología Social Crítica, que era una lectura comprometida política e ideológicamente de lo que hacíamos desde ella. Más, ante la afirmación de Dorna, tuvimos que salir de esa postura ingenua, sin ver lo que había en los clásicos políticos. Quizás los dichos de Brozek (2002) -al referirse a la Psicología- valga aquello de que tenemos "Un pasado largo y una historia corta".

Para finalizar con la Introducción, anticipo de que pese a que nota refiere a la Psicología Política Latinoamericana, básicamente haré referencia a lo que ocurre en la Argentina por dos motivos:

a) Argentina, durante sus doscientos años nunca se sintió parte del subcontinente; los latinoamericanos nos consideran el lugar más occidental de Europa por la exquisitez argentina de mirar con avidez hacia Europa -en especial a París- lo cual retroalimentó que nos sintamos menos parte de nuestra América. Pero, en los años '90 -con el menemismo- nos aggiornamos y buscamos el referente en los EE.UU. y con eso creímos que éramos el Primer Mundo, cosa que nunca fuimos debido al abismo entre explotadores y explotados. Los parámetros macroeconómicos mantenían la ilusión, aunque la realidad que vive el pueblo es la de la pobreza social e intelectual (1); y b) merced a la crisis financiera, económica, política y social que atravesamos, los habitantes pusieron en juego las células grises indemnes para superarla por sus propios recursos y, en ello, colaboran un grupo de psicólogos comprometidos con los excluidos y marginados por el imperiocapitalismo que nos arrojó a la miseria extrema. Ellos fijan pautas de trabajo psicopolítico que contribuyen a elevar la cabeza y mirar al mundo como iguales o, al menos, no dejar que nos exploten los que encontraron en este territorio una vena abierta para sus negocios. Es por esto último que parcialmente dejaré los desarrollos de colegas del subcontinente, ya que tuvieron -no siempre- un compromiso verbal no reflejado en hechos.

2-Desarrollos de breve tiempo

El entendimiento que la disciplina era un desprendimiento de la Psicología Social, debe añadírsele que se la consideró como un nivel superior de análisis e interpretación de los hechos que de la cotidianeidad que se trabajaba y fue necesario recurrir a conceptos psicosociales como a conceptualizaciones políticas, históricas, ideológicas, filosóficas y económicas. Así surgió una síntesis de datos psicológicos y sociales del entorno político que atraviesan la subjetividad, para lograr más eficiencia teórica e investigativa, a más de mayor efectividad en el análisis, comprensión e intervención en los hechos políticos y sociales que se sucedían en derredor.

Sobre la ampliación de conocimientos con que egresan los psicólogos, interesa traer unas palabras de Guattari en una entrevista en Buenos Aires: "Me parece que lo que enriquece la potencialidad de un intelectual es su capacidad de dispersar su producción de registros heterogéneos". Los psicólogos tenemos el deber intelectual y profesional de pretender no sólo ser "sabios" en nuestro quehacer, sino también la de ser intelectuales, para tener una perspectiva más abarcativa que permita realizar con mayor eficacia la labor.

La Psicología Política surgió en Latinoamérica para los '80, como resultado de investigaciones de campo hechas por psicólogos sociales ocupados y preocupados por los "males" sociales endémicos que azolaban a la región y que -luego de 15 años- crecieron aún más (2). El hito fundacional fue la convocatoria de Montero y Martín Baró (Montero, 1987) inquietos por temas y problemas políticos. La Psicología Política ya existía en especial en USA y Europa, aunque las relaciones que se mantuvo con esos centros del poder económico e intelectual se matizaron de un modo diferente ya que, como señala (Parisi, 1999), "... las temáticas, los enfoques y los recursos metodológicos utilizados implican una distintividad del quehacer psicopolítico surgido en cada uno de ellos".

Se convocó a psicólogos que cumplían con dos condiciones necesarias para hacer la superación de la frustración social e intelectual que teníamos. Estar atravesados por las limitaciones de la lectura de datos de investigación y, asimismo, estar en condición intelectual y afectiva para asumir un compromiso con la realidad social que vivíamos y dar un paso adelante en las intrascendentes -socialmente dicho- investigaciones con asepsia de compromiso ideológico; tales hechos debían ser sentidos como dolor propio en tanto afectan a la dignidad de humana que merece una mejor calidad de vida.

Dado que toqué marginalmente a los derechos humanos, es interesante notar que pese a los episodios de tortura y genocidio que sufrió la población de "nuestra" América, buen número de psicólogos ignoran los experimentos hechos por Milgram (1974) sobre "obediencia debida" y que aplicaron los despótas latinoamericanos -incluso europeos, ya que Serbia está en Europa- para encubrir sus acciones.

Más, retomando el tema central -el desarrollo disciplinar desde las premisas señaladas- hay que advertir que sólo con su presencia no se está ante una Psicología Política científica. Sólo se dio un paso necesario -no suficiente- en superar lo que Montero (op. cit.) marcó como el de la psicología política inconsciente al consciente. Aquel momento se produjo cuando un número significativo de psicólogos asumieron un papel político protagónico en su quehacer profesional y en su privacidad. Por discreción a personajes tenidos como "vacas sagradas" en la psicología latinoamericana, no los mencionaré; esto no obsta para que el lector sepa quienes no asumieron tal compromiso y continuaron disfrutando de subsidios que se distribuían desde lo que se sería la capital del Nuevo Orden Mundial (García Lupo, 1983). Es decir, en términos fenomenológicos la conciencia es el "para-sí" que prueba el uso de la libertad asumida por el sujeto y que lo angustia frente a la ética de la responsabilidad con que se tomen las acciones que protagonice. Para Sartre, la fuga a la angustia se puede hacer con "mala fe"; la conciencia -alienada- niega la realidad (Freud, 1925) como mecanismo defensivo y finaliza por cosificarlo. Al proteger intereses personales se olvida que la historia es de los conflictos y las luchas de clases (Marx, 1852), a las que hoy hay que añadir la de los movimientos sociales que marcan un rumbo al que es preciso adaptarse por que la realidad así lo indica, ya que ignorarlos es ignorar el paso del tiempo, incluso las ideologías creídas -en devaneos religiosos más que "científicos"- que serían eternas, ignorando a la dialéctica.

Si la base de la historia está en el conflicto, entonces la cooperación propuesta por algunos psicólogos refleja el vasallaje a que se someten -los más- por otros -los menos- que atraen con el dinero. La única cooperación y solidaridad está entre los oprimidos (Memmi, 1969) que, para esto, son los psicólogos latinoamericanos que enfrentan al adversario para revertir la humillación a que es sometido nuestro pueblo. Para eso, los psicólogos latinoamericanos estamos dispuestos a afrontar la asepsia política y reemplazarla por el compromiso ideológico y de praxis con los marginados sociales que -en general- atraen la atención para declaraciones de solidaridad, aunque sin dar el paso de la militancia que es la que realmente nos comprometerá con lo que decimos estar comprometidos.

En Argentina hay una pequeña tradición en esto, fue M. Langer (1978) que llevó a otros psicólogos -en especial psicoanalistas- pero que la represión de la dictadura (1976-83) desbarató con el ostracismo, la tortura y la muerte de varios de sus protagonistas. Sin embargo, surgen grupos que asumen el compromiso activo (Carpintero, 2002) con su participación en la organización Madres de Plaza de Mayo.

Proponer participación y compromiso puede aparecer descolocado ante a una tradición psicológica que hizo de la no contaminación política un santuario; estas conductas no fueron atrabiliarias entre filósofos, sociólogos, economistas e historiadores. Entre los psicólogos esto no ha sido lo común, debido a lo sostenido al inicio de que están "mal" dotados en su formación por carencia de otros registros, lo cual les impide alcanzar la categoría de "pensadores", es decir, se quedan en profesionales. Esto no significa que mañana corramos a afiliarnos a un partido político sino que basta con adherir sin reparos a los movimientos sociales que reemplazan a entes que quedaron anquilosados en el tiempo por falta de conducción que piense más en los otros y menos en sus intereses. Que nadie crea que tal conducta hará perder "objetividad científica" a nuestro quehacer; como ejemplo de esto valga el científico más notable del Siglo XX -Einstein- que no por adherir y participar por la paz mundial, la no violencia, los derechos humanos y hasta con adhesión condicionada a ciertos postulados socialistas dejó de ser un científico del cual tenemos mucho que aprender más allá de su campo de labor específica.

Hoy la participación política-ideológica no pasa por lo que alguna vez afirmara (Rodriguez Kauth, 2001): desenmascarar las políticas económicas proteccionistas y belicistas que usan los amos del Norte. Y, sobre los "equilibrios comerciales", recordemos los dichos de I. Caruso (1971) que señaló: "Los pueblos que cultivan intercambios amistosos entre sí se ponen a la defensiva cuando esos intercambios son perturbados en beneficio de uno de ellos".

Una forma de combatir la desocupación excluyente y sus consecuencias inmediatas como la desnutrición infantil, la miseria, el hambre, la indigencia, etc., es participando con nuestros saberes en la recuperación de empresas abandonadas y ponerlas -cooperativas o autogestión- en manos de los trabajadores. Quienes hacemos Psicología Política tenemos mucho que decir y hacer en pos de lograr con éxito el intento (Rodriguez Kauth, 2002), pero nos falta aún mucha distancia para ser honestos con los otros y con nosotros.

No se me escapa que ya algún lector sospeche si con la implicación activa, los psicólogos políticos -u otros- no perderán "objetividad científica" en cuanto sirven a alguna causa política. Los reto a un ejercicio intelectual al revés. Pregúntense si quienes permanecen en la asepsia política en su profesión no creen que están limpios de la culpa de "hacer" política. ¡Sí lo hacen!. ¿Porqué la respuesta enfática?. Lo hacen a diario al no reconocer conscientemente de que son cómplices de las políticas vigentes por omisión, no por acción como la propuesta, pero igual participa de los intereses en disputa. Con un agravante ético: engañan a los otros y a sí mismos con un actuar falsamente puro lo que los poderes se encargaron de decir que es sucio o pecaminoso, para que no nos entrometamos en sus enjuagues y los dejemos continuar con sus depredaciones sobre los pueblos.

No por eso han de ser mejores o peores psicólogos que otros, al igual que los que ponemos la cara no sólo para decir "desde aquí escribimos", sino para testimoniar el lugar desde donde actuamos. Tampoco ellos son peores en su quehacer -que goza de subsidios por realizar todo lo que al sistema le conviene desarrollar- que los que tomamos la posición sugerida; sólo nos diferencia el conocimiento que tenemos de saber al servicio de quienes ponemos nuestras capacidades y del lado de quien está nuestro compromiso. Las consecuencias de la toma de posición activa llevó a Parisi (op. cit.) a caracterizar a lo que ha ocurrido como el momento de "... una Revolución Científica al interior del pensamiento psicológico, especialmente el de las ideas de la Psicología Social".

3-La actualidad

En el repaso histórico, deslicé cuestiones atinentes a la actualidad del hacer psicopolítico en particular y del psicológico en general, sobre todo en donde se implican acciones profesionales con problemas de la vida cotidiana de las personas que buscan apoyo terapéutico, o como intersección con la Psicología Social Comunitaria o como señala Carpintero (op. cit.), cuando se trata de actuaciones profesionales enmarcadas claramente con contenido político y social.

Existen denominadores comunes sintetizados en dos: a) incuestionable compromiso del profesional con su clase -trabajadores- que permite superar la falsa conciencia (Marx, 1847); y b) la aplicación de sus conocimientos al servicio de Otros, de los que lo necesitan y no pueden pagarle su quehacer por ser indigentes y necesitarlos como un apoyo más en la reivindicación de derechos inalienables: trabajo, comida, salud, educación, vivienda y libertad; todo lo cual es un propósito que lleva a la lucha diaria contra los intereses de los que hicieron de la desocupación la forma de tener mano de obra barata para reducir costos y lograr esclavos en vez de empleados.

La torpeza de algunos intelectuales del establishment, como de la llamada clase media, logró que se observe a la pobreza como propia de quienes no son capaces de superar la condición agraviante en que viven. Un pobre es igual a cualquiera, la diferencia está en que él no tiene ánimo -por falta de fósforo y proteínas- como para hacer marchar sus neuronas que se atrofiaron por ser pobre social, afectiva e intelectualmente. Son ellos, los que nos requieren para salir de la condición en que los hundió un sistema político y económico perversamente injusto.

Retornando a la aplicación de los conocimientos psicológicos a una práctica social concreta que va de la mano del compromiso explícito con quienes necesitan de nosotros y no de los que nosotros necesitamos para obtener honores, financiamientos, subsidios, becas, invitaciones, etc. (Rodriguez Kauth, 2002b) diré que lo que se realiza con esas experiencias incipientes es, desde el conocimiento que tenemos y que a los otros les faltan, alcanzar una alianza libre de especulaciones egoístas que vayan más allá del mero hecho de poner conocimientos y técnicas al servicio de los que lo requieren. Tal aplicación no será novedosa para quienes conocen de psicología social aplicada, como la intervención institucional, organizacional y grupal que funcionan como contención de las ansiedades paranoicas que frenan las posibles acciones de lucha.

En Argentina existen cerca de 200 empresas e industrias cerradas por los dueños, pero que sus trabajadores intentan convertirlas en empresas de autogestión para reabrirlas y dar trabajo a miles de desocupados excluidos del sistema laboral, porque para los patronos fue negocio "vaciar" capitales y retornar a sus casas matrices donde gozan de la seguridad jurídica que aquí no encuentran debido a los vaivenes de una gobernabilidad política caótica que se mueve como en el Mar de los Sargazos sin hallar el rumbo para llegar a puerto.

Así se procura el retorno de lo reprimido bajo la forma de utopía puesta en marcha y una de esas marchas es para que se haga caminar más rápido a la Justicia a fin que entregue esos establecimientos a sus trabajadores y que los hagan funcionar. Con las movilizaciones y asambleas obreras se logra la temida "justicia por mano propia". Pero en este caso no se trata de una venganza, sino de recuperar el trabajo y ante ello los jueces no pueden hacer oídos sordos y se ven obligados a autorizarlos para cumplir con su objetivo de trabajar.

La recuperación del trabajo es el imperativo para no ser excluidos de un sistema que los necesita afuera de las fábricas para regular precios y salarios según les convenga. La toma de fábricas no es en reclamo por condiciones laborales o salariales, se reduce a ponerlas en marcha para recuperar la fuente con la que alimentarse, lo que va atado a superar la fragmentación -de la globalización- por medio de la solidaridad y de entablar lazos sociales estrechos entre quienes compartían un espacio laboral, pero se ignoraban como sujetos y ahora se piensan de modo más humano en la forma de relacionarse. Tal reconversión cooperativa se hace contra la oposición patronal, del gobierno y de la burocracia sindical aliada al capital y no defiende a los afiliados. A estos últimos se los desplazó de las fábricas recuperadas reemplazándolos con dirigentes de la base obrera.

Me he referido a la defensa y protección de los Derechos Humanos. Es uno de los problemas centrales en Latinoamérica; merecen destacarse los aportes -que va más allá de lo expositivo- de Lira, Weinstein y Kovalskys (1987) y Parisi (2002). Es un tema complejo, ya que nuestros territorios estuvieron sometidos a gobiernos despóticos que no dudaron en recurrir a la protección de los EE.UU. para violarlos, en especial la vida. Aquí los psicólogos sociales realizaron una tarea silenciosa y eficaz en el rescate de la memoria individual y colectiva; siendo de destacar lo realizado desde organismos como Madres de Plaza de Mayo, Abuelas e Hijos por encontrar la identidad pérdida de ciudadanos despojados desde niños de ella, como también participar en la elaboración del duelo en familias de desaparecidos. Asimismo se destacan los trabajos realizados sobre los efectos de la tortura, siendo de los más recientes el de Bouças Coimbra (2001).

Un problema que afecta a la política y al atravesamiento subjetivo de la población es el de la corrupción. Sobre ella se ha escrito e investigado bastante y se continúa haciéndolo en pos de desenmascarar ONGs que pretenden ser "transparentes".

Otros temas y problemas alientan la Investigación psicopolítica sudamericana pero, para finalizar, sólo haré hincapié en el racismo -o clasismo- que es problema presente no entre nosotros y cuyos estudios han de incentivarse por los hallazgos del biólogo S. Wells (2002) que demuestran que hablar de "razas" es un dislate intelectual, luego de seguir genéticamente las migraciones que partieron desde Africa hace unos 60 mil años y que echan por tierra las concepciones racistas imperantes.

5-Conclusiones

No son muchas las que puedo poner aquí, pero el punto debe incluirse porque es de rigor en estos escritos. Las conclusiones debe sacarlas el lector a partir de lo expuesto. Sólo señalaré que la Psicología Política está tomando la fuerza que necesitaba para enfrentar los desafíos sociales, políticos y económicos que afronta la región y, sobre todo, lo hace con la honestidad intelectual de decir desde qué lugar se ha tomado posición para llevar la tarea que nos convoca.

Ardila, R.: (2002) La Psicología en el futuro. Pirámide, Madrid.

Bouças Coimbra, C. M.: (2001) "Práticas psi e tortura no Brasil". Psicología Política, Sao Paulo, Vol. 2, Nº 1.

Brozek, J.: (2002) "Un pasado largo y una historia corta". En Ardila.

Carpintero, E.: (2002) Produciendo realidad: las empresas comunitarias. Topía, Bs. Aires.

Caruso, I.: (1971) "Psicoanálisis, ideología y crítica de la ideología". Actas II Congreso de Psicología Social, Mar del Plata.

Dorna, A.: (2002) "La Psicología Política. Ausencia de Proyectos Políticos y la crisis de las Ciencias Sociales". Psicología Política, Valencia, Nº 34.

Freud, S.: (925) La Negación. Amorrortu, Bs. Aires, 1986.

Garcia Lupo, R.: (1983) El Plan Camelot. C.E.A.L., Bs. Aires.

Langer, M.: (1978) "Notas autobiográficas". Topía, Bs. Aires, Nº 35, 2002.

Marx, C.: (1847) La Ideología alemana. Pueblos Unidos, Montevideo, 1958.

Marx, C.: (1852) La Lucha de Clases en Francia de 1848 a 1852. Espasa Calpe, Madrid, 1953.

Memmi, P.: (1969) Retrato del colonizado. La Flor, Bs. Aires, 1971.

Montero, M. y otros: (1987) Psicología Política Latinoamericana. Panapo, Caracas.

Parisi, E. R.: (1999) "Psicología Política Latinoamericana". Psicología Iberoamericana, México, Nº 2.

Parisi, E. R.: (2002) "Tratamiento psicosocial de los derechos humanos". Tesis doctoral inédita, San Luis.

Rodriguez Kauth, A.: (2001) "La Psicología Social y la Psicología Política Latinoamericana: ayer y hoy". Psicología Política, Valencia, Nº 22.

Rodriguez Kauth, A: (2002) "La crisis que se vive en Argentina". Debats, Valencia, Nº 77.

Rodriguez Kauth, A: (2002b) "La Política de la Psicología: el caso Argentino". Psicología Política, Sao Paulo, Vol. 2, Nº 3.

Wells, S.: (2002) The Journey of Man. A genetic odyssey. Penguin, London.


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