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Cahiers de Psychologie Politique

Se presentan dos opciones de psicología social crítica: la psicología comunitaria y la psicología política. A partir de ellas se reconocen cuatro confluencias que las han caracterizado en su desarrollo, a saber: su década de origen, su interés por superar el individualismo analítico y metodológico, la emergencia de nuevos temas de indagación e intervención, las propuestas de formas alternas de investigación. Asimismo, se presentan cuatro divergencias que las hacen aparecer distintas: el campo de aplicación, su objeto de estudio, los temas de interés específicos, las opciones de intervención. A partir de lo anterior, se presenta la opción de la psicología de la liberación como interfaz que puede concretar tanto los principios y prácticas de la psicología comunitaria, como de la psicología política

Two different options of the critical social psychology are presented in this article: the community psychology and the political psychology. From them, four confluences are identified that have influenced their development: the decade in which they began, their interest to overcome analytical and methodological individualism, the emergence of new topics of research and intervention and the proposals for alternative ways of research. Also four differencies between them are presented: the field of application, their object of study, the specific topics of interest and the options for intervention

Introducción

Tanto la psicología comunitaria, como la psicología política (en su desdoblamiento y concreción de psicología de la liberación) han sido paradigmas emergentes durante los últimos treinta años en Latinoamérica, con tres rasgos distintivos: son psicologías de los márgenes, en tanto no se encuentran empoderadas en amplias comunidades académicas, (lo que no quiere decir que no haya alcanzado desarrollos que la hacen visible y le permiten ser reconocida como un área de la psicología. La bibliografía existente la respecto, es una muestra de esto); son psicologías alternas en cuanto proponen otros discursos teóricos respecto de los que han predominado en la psicología en cuanto disciplina; por lo que, son expresiones de la psicología social crítica.  

De allí que el presente texto pretenda mostrar algunas características de la psicología comunitaria y relacionarla con las que presenta la psicología política, para distinguir entre la perspectiva política de la psicología comunitaria y el quehacer de la psicología política en ámbitos comunitarios. Proponiendo como opción de conjunción la psicología de la liberación.

Es necesario precisar, que aquí, se está hablando de psicología comunitaria y de psicología política de manera genérica, en tanto no hay una psicología comunitaria, Martin (1998) Gómez del Campo (1999) Arango (2006) Saforcada & Castellá (2008) Hincapié (2010) ni una psicología política, Fernandez (2004) Molina (2006) Díaz (2008,a) sino modelos y enfoques, por lo que no se asume uno en particular, sino que se presentan ideas sobre lo que caracteriza éstas áreas de la psicología.

Por esto, el enunciado a desarrollar es: La psicología comunitaria es tendencialmente política, pero eso no la hace psicología política. Entre tanto, la psicología política comparte tangencialmente conceptos de aquella otra, pero, no por ello es psicología comunitaria. Hay un intersticio entre ellas que les es común, allí confluyen categorías, opciones metodológicas y perspectivas sobre lo que la psicología puede ser y significar en los contextos latinoamericanos, tal intersticio es abordado por la psicología de la liberación.

Encuentros entre la psicología comunitaria y la psicología política

Primer encuentro: su década de origen

La psicología comunitaria surgió de la psicología clínica comunitaria en la década del 60 Montero (2002) Tovar (2001) Serrano & Álvarez (1992) Díaz (2001) pero modificó sus presupuestos en función de un compromiso político. Pero, de hecho y de manera clara, lo que había de distancia teórico–práctica e investigativa entre la psicología clínica comunitaria y la psicología comunitaria en emergencia, era una perspectiva ético-política sobre el quehacer de la psicología y del psicólogo en el contexto convulsionado de América Latina. No era gratuito entonces, que para muchos, el psicólogo comunitario relegaba su rol profesional o disciplinar para asumirse –o al menos era lo que más se reconocía- como activista y militante de una opción política Espejo (1991)

La psicología política, específicamente la que se refiere desde España, también inicia su desarrollo en la década del 60 - 70, de hecho Sabucedo (1996) plantea como “la psicología política tiene una corta historia pero un largo pasado”(p. 9) y ubica en la década de los 70 el momento en el cual se inicia con dinamismo el fortalecimiento de lo que él llama una nueva disciplina. En igual sentido se pronuncian Seoane y Rodríguez (1988) quienes consideran que en los últimos diez años -anteriores a 1988 - se originan nuevos modelos sociales y valoraciones científicas menos rígidas.

Segundo encuentro: su interés por superar el individualismo analítico y metodológico.

La psicología si bien es cierto reconoce en teoría y de manera general la condición social del hombre y de la mujer, en sus aspectos específicos de intervención profesional y de investigación asumen al individuo, se centran en él, desplazan lo colectivo, invisibilizan al grupo y lo social. Por ello, áreas como la psicología social, en lo que se ha denominado la crisis de relevancia de la psicología, asumieron la discusión en torno a la relación individuo-sociedad; la función política de la psicología, sus perspectivas éticas, la pertinencia de la investigación en el laboratorio de hechos que se presentan en el contexto socio - económico que deviene histórico Martín-Baró (1988; 1989) Sánchez (2004) Martínez (2004).

La psicología comunitaria hace suyas estas tensiones paradigmáticas y se pregunta igualmente por la relación individuo–grupo-sociedad; la neutralidad del conocimiento científico, el rol político del psicólogo que no se puede separar de su condición como ciudadano, el papel de la ciencia y del conocimiento científico en la producción de conocimiento alterno, que interprete a los sectores populares, Correa (1980) Arango (2006).

Por su parte, a los psicólogos que inician la reflexión sobre psicología política les interesan aspectos similares, por ello, hacen la crítica a las maneras como tradicionalmente se han asumido las tensiones paradigmáticas previamente planteadas. Así Seoane y Rodríguez(1988) presentan algunas críticas referidas en su perspectiva disciplinar y específica de la psicología social: respecto a lo disciplinar plantean como después de la segunda guerra mundial se asumen dos grandes estrategias: el individualismo -donde el individuo emerge como el objeto fundamental de la psicología- y el objetivismo -donde se elimina como método el conocimiento individual y contextuado por un método universal- “esto significó para la psicología que durante varias décadas su único prestigio consistía en ser una física disfrazada o, en el mejor de los casos, una biología naturalista” (P. 15)

Por otra parte, la psicología social se limita al estudio de los individuos y de sus interacciones, sin asumir explicaciones históricas, sociales o culturales. De allí que la dimensión política de la actividad humana y en particular lo que hacía referencia a lo colectivo, los grupos y las comunidades no era posible de ser asumido. Pero, los nuevos tiempos han permitido que se presenten reflexiones sobre psicohistorias y psicobiografías, identidades éticas y psicología colectiva, que demarcan otros horizontes conceptuales y por lo tanto demandan nuevas opciones metodológicas. Rodríguez (1998)

Al igual que la psicología comunitaria, la psicología política no es un cuerpo unificado de conocimientos, Sabucedo (1996) Rodríguez (1998) y en particular Dorna (2007) sugiere cuatro razones para ello: su vocación interdisciplinar; la convivencia de diversas tendencias que van desde el psicoanálisis hasta el cognitivismo; las distintas procedencias de sus autores; la actitud abierta para recibir las contribuciones desde diversas ópticas teóricas.

Lo anterior se expresa en diversas técnicas para recoger la información: material proyectivo, encuestas, psicobiografías, estudios experimentales, análisis de discursos, Sabucedo (1996) Seoane & Rodriguez (1988). Estos últimos dicen “La psicología política, pues, es más una colección de diversas teorías y procedimientos de investigación que un cuerpo coherente y sistematizado de formulaciones teóricas y estrategias metodológicas” (P. 24)  

Tercer encuentro: la emergencia de nuevos temas de indagación e intervención.

La psicología comunitaria asumió como parte de su quehacer cuatro aspectos, Correa (1980): (a) la necesidad de ayudar en la producción teórica de éste paradigma en emergencia; (b) La construcción de una propuesta específica de psicología; (c) La necesidad de asumir las contradicciones propias de la disciplina y de las ciencias sociales como contexto para pensar qué podía ser la psicología social y la psicología comunitaria; (d) empoderar de manera particular el ejercicio de la psicología comunitaria.

Pero, éste ejercicio profesional no era nuevo en y para las comunidades, ya que otras disciplinas y profesiones lo habían implementado antes, por lo que se trataba de asumir una perspectiva crítica para identificar conjuntamente con los pobladores qué se había aportado, tanto a la comunidad, como a la disciplina, Espejo (1991) Por ello, categorías nuevas para la psicología y características de la psicología comunitaria tales como autogestión, participación, desarrollo, empoderamiento, conciencia política, empiezan a emerger y a migrar de otras disciplinas de las ciencias sociales y humanas, hacia esta rama disciplinar.

La psicología política, por su parte, reconoce la necesidad de abordar temas que habían sido de escasa investigación por la psicología y aún la psicología social, tales como la persuasión, la propaganda política y en términos generales los proceso psicosociales explícitos que se presentan en el “arte de gobernar”. Pero, cuando ésta área de la psicología se empieza a desarrollar en América Latina, en la década del setenta en el contexto sociopolítico de las dictaduras del cono sur, y en la década del ochenta en Centroamérica con los movimientos de “liberación Nacional” los intereses temáticos cambian y se empieza a indagar (desde lo que se va estructurando como psicología de la liberación) sobre la ideología, los procesos psicosociales que se presentan en la participación política contra el poder dominante; los efectos psicosociales de la tortura, la desaparición forzada, el exilio, el trabajo político clandestino, entre otras temáticas, Martín-Baró(2000).

Para la década del noventa y hasta la actualidad, giran los intereses hacia la constitución de ciudadanía, subjetividad, conformación de sujeto político, análisis de las estructuras organizativas y grupales de los grupos armados, procesos de inserción de excombatientes -principalmente de la guerrilla y los paramilitares- en la vida civil, Moscovici(1997) Vásquez(2000).

Cuarto encuentro: propuesta de formas alternas de investigación.

La psicología comunitaria en su quehacer por fuera del laboratorio, en su encuentro con la realidad social, tal cual ella es, se vio obligada a reconocer cómo interactuaba y no controlaba, conversaba con sujetos y no sólo entrevistaba con miradaclínica a sus clientes. También giró su miradainvestigativa al encontrarse con sujetos que querían y exigían participar en los procesos investigativos, a la vez, que pedían que sus resultados les fueran devueltos y cumplieran una función comprensiva de la realidad por parte de ellos. En su giro, se fue apropiando de formas “emergentes” de investigación respecto de las maneras hegemónicas y cuantitativas imperantes en ése momento, Díaz (2003) Montero (2006). Así, fue desarrollando desde su objeto de estudio opciones cualitativas como la Investigación acción participante, la etnografía y tímidamente opciones desde la fenomenología. Ellas formaban parte de las opciones metodológicas para obtener conocimientoen ciencias sociales y humanas, por lo que las hizo migrar de otras áreas disciplinares hacia su campo de interés, siendo ahora características de sus opciones investigativas.

Desde la psicología política, se asume que, con quienes se interactúa, no son seres genéricos, ni personas únicamente psicopatologizadas, sino que son sujetos que participan social y políticamente de manera consciente e intencional en la transformación de condiciones de vida que valora como dominantes, deshumanizadoras y posibles de cambiar por vía de procesos organizativos y colectivos con los actores sociales que habitan los sectores populares. Por ello, se requieren formas diferentes de investigación, lo que lleva al encuentro con metodologías cualitativas, que intentan captar las narrativas y vivencias de los actores políticos. Por esta vía, va desarrollando opciones como las historias de vida, la autobiografía y los análisis de contenido, entre otros, que existiendo en las ciencias sociales y humanas, no habían sido retomadas por parte de la psicología, Mota (1999) Rodríguez (1998) Dorna (2007).

Desencuentros entre la psicología comunitaria y la psicología política

Primer desencuentro: el campo de aplicación

Los espacios esperados de acción de la práctica psicológica comunitaria eran el barrio, llamado genéricamente la comunidad, Carvajal (1984). Se intervenía con sectores populares, en organizaciones de base, con grupos comunitarios, se pretendía ayudar en la desprofesionalización de la psicología –“por desprofesionalización de la psicología se entiende que los miembros de la comunidad adquieren los medios propios de esta disciplina de manera informal, con el fin de aplicarla a los diferentes problemas psicológicos que les aquejan”- Correa(1980;P.308) y en el dialogo de saberes que permitía disminuir la brecha entre los lenguajes de los técnicos y el de los habitantes de las comunidades, Díaz (2004).

La psicología política, por su parte, si bien realizaba parte de su trabajo en las comunidades, fue centrando o descentrando su mirada hacia dos ejes, los sujetos políticos, y los movimientos sociales, Martín-Baró (2000) Mota (2006). No era su interés el grupo o la comunidad en sentido geográfico, sino los procesos psicosociales que se presentaban en la interrelación desde y por el poder. La tendencia aún se mantiene.

Segundo desencuentro: su objeto de estudio

La psicología comunitaria ha planteado objetos de estudio para abordarlos como área disciplinar, así se propone que sea el “desarrollo comunitario”, Montero (1982) Los procesos psicosociales que se presentan en la interrelación cotidiana en espacios micro, vitales y significativos para los habitantes de espacios geográficos denominados comunidades, Díaz (2003). También se ha asumido como objeto de estudio el proceso de empoderamiento comunitario en la perspectiva de transformación social y opción para asumir el poder político, en cuanto forma de gobierno de un partido político determinado.

Estos objetos de estudio, demarcan enfoques en y de la psicología comunitaria, pero todos coinciden en que ello se concreta en el plano de lo práctico con grupos sociales específicos que habitan un territorio y que se ubican en las escalas de subordinación de la estructura social general. El objeto, así planteado, adquiere expresión en la acción social comunitaria.

La psicología política se centra en investigar e intervenir sobre temas, tales como: el marketing político, la imagen de favorabilidad de candidatos en procesos electorales, la intención de voto de los ciudadanos en la ritualización de expresiones de nociones sobre la democracia, asume como preocupaciones y objeto de estudio el poder.

En una opción alternativa a los discursos que son dominantes en la academia, Uribe (1977) explicita los siguientes ejes: el estudio de los fenómenos colectivos (creencias, ideologías, comunicación social, valores, normas, religiones, movimientos sociales), la política y la democracia. Además, se interesa por el análisis de los sujetos sociales que encarnan estos fenómenos.

Como se reconoce, hay cercanías temáticas y coincidencias disciplinares entre la psicología comunitaria y la psicología política. Pero igual, matices que las diferencia y hacen que cada una se mantenga como área independiente, tanto en su acción práctica, como en la teórica.

Tercer desencuentro: los temas de interés específicos

Los lenguajes, discursos y acciones que se emplearon en la década del 80 desde los psicólogos comunitarios (actores y protagonistas de la psicología comunitaria) eran: compromiso, transformación, participación, sectores populares, saber popular, empoderamiento, alienación, ideología, barrio, comunidad, política. Comunicación popular y alternativa, educación popular y empoderamiento social, locus de control, procesos organizativos comunitarios. Cada uno de estos términos tenía su semántica específica que conllevaba unos perfiles esperados del psicólogo comunitario, tales como: una sólida formación profesional, una instrumentalización variada, amplio y profundo conocimiento de la realidad, posibilidad de crear y recrear, formación política, actitud democrática y permisiva, sensibilidad social y resistencia a la frustración, Díaz (1990) Arango (2007)

Desde la psicología política, las categorías que le son más comunes y que identifican su paradigma, son: política, ciudadanía, representación social, democracia, esto en su opción de análisis de lo psicológico político en sociedades no afectadas de manera generalizada por conflictos armados, es decir una sociedad democrática y civilista, Manjares (2005) Rocha (2006). Cuando las condiciones no son estas y el psicólogo político se encuentra en escenarios de conflictos armados, los temas que le son de interés y que van caracterizando la psicología de la liberación se centran en la guerra -la guerra y los procesos de deshumanización, la guerra psicológica, efectos psicosociales de la represión, perdón y olvido, memoria histórica, construcción social del miedo, psicología de la tortura, efectos psicosociales que se presentan en las personas en condiciones de desplazamiento, el trauma psicosocial- Martín-Baró (2000) De la corte, L, & A, Blanco & J. M, Sabucedo. (2004) López, C, & Uribe, F & Vázquez, O (2005).  

He aquí, nuevamente, cómo los límites se borran, se notan difusos, los intersticios emergen, y se superponen temáticas en una realidad que fraccionamos sólo con pretensiones comprensivas, pues la realidad en sí, no lo es.

Cuarto desencuentro: las opciones de intervención

En cuanto tendencia, ya que siempre se presentan las acepciones y las emergencias de lo nuevo, la psicología comunitaria se ha centrado en la intervención en contextos territoriales, barriales, donde desde la investigación acción participante (I.A.P) realiza procesos de acompañamiento a los grupos y movimientos que desde allí se generan, asumiendo expresiones de compromiso social y político que aunque lentos, leves y poco pretenciosos siguen con el horizonte de ayudar en la consolidación de una sociedad plural, abierta, incluyente y democrática en lo social, cultural, político y económico, Castro (1996) Montero (2006) Díaz (2007,b)

Por su parte, la psicología política, es más comprehensiva, y menos “activista”, intenta reconocer teóricamente, porqué se presentan determinados fenómenos sociales, en el plano de lo psico-político y se compromete desde el conocimiento académico con sectores comunitarios, movimientos sociales y grupos dominados/emergentes en la dinámica social estructural.

Hasta aquí, lo que se han presentado son retos, rasgos, miradas sobre lo que es, fue o pueden ser la psicología política y la psicología comunitaria, su consolidación como paradigmas autónomos, confluyentes y en mutuo diálogo. No pueden ser acciones voluntaristas, sino construcción comunitaria política, de los psicólogos comunitarios y los psicólogos políticos.

Una opción para buscar la confluencia: la psicología de la liberación

Martín Baró (1986) propuso la creación de lo que denominó psicología de la liberación, entonces dijo “si queremos que la psicología contribuya para la liberación de nuestros pueblos, debemos elaborar una psicología de la liberación” para ello planteó una condición: “realizar una psicología de la liberación exige, primero, alcanzar una liberación de la psicología” De este planteamiento se puede derivar que la psicología de la liberación es una psicología política. Pero, además, es una crítica a la psicología tradicional, aquella que él denominaba como hegemónica, y frente a la cual propone algunos elementos que inspirados en la teología de la liberación pueden ser constitutivos de la psicología de la liberación, ellos son:

  • Un nuevo horizonte, en el que la psicología se descentre de sí misma y se relacione con los problemas de las mayorías pobres de Latinoamérica, se despreocupe de su estatus científico y social y se preocupe por las necesidades de las mayorías populares.

  • Una nueva epistemología, lo que implica nuevas formas de producir conocimiento a partir de dos aspectos: primero, una nueva perspectiva, dada desde las mayorías populares y pobres, lo que conlleva a hacer psicología educativa desde el punto de vista del analfabeta, psicología del trabajo desde el desempleado, la psicología clínica a partir del marginado. Quiere decir esto, que se hace psicología no sobre, o contra, sino desde los intereses, necesidades y potencialidades del sujeto que constituye en Latinoamérica las mayorías pobres; Segundo, implica una actividad transformadora tanto de la psicología en cuanto disciplina, como de la sociedad en general.

Desde este contexto deja planteadas tres tareas, que valora como urgentes: La recuperación de la memoria histórica, la desideologización del sentido común incluidas las vivencias cotidianas, y la potenciación de las virtudes populares.

Estos son, en alguna forma, los horizontes fundacionales de la psicología de la liberación que desde diversas prácticas y reflexiones teóricas se han venido concretando en Latinoamérica. Ahora se presentan algunos desdoblamientos que desde estos aspectos se han presentado.

Para Montero (2000, P. 20) la psicología de la liberación es “una manera de hacer psicología” por lo que se puede expresar en psicología clínica liberadora, psicología política liberadora, también la asume como un paradigma en tanto que “modela, dirige, muestra una vía y señala modos preferentes de hacer”. Como paradigma, podría demarcar, entonces, cualquier quehacer psicológico señalándole pautas.

En otros momentos se ha propuesto entender la psicología de la liberación como un campo de conocimiento de la psicología política en cuanto “la psicología social deviene en psicología política y ésta a su vez en psicología de la liberación” Díaz

(2005, a; p. 47) esto implica asumir la psicología de la liberación desde concepciones ético-político-filosófica.

En cuanto se presenta en pluralidad, puede albergar como parte constitutiva de sí, diferentes paradigmas sobre la base de los siguientes principios básicos:

  • Ideologización y politización de la psicología y de la sociedad.

  • Reconocimiento de la historicidad y construcción social de la vida colectiva.

  • Desprofesionalización de la psicología, entendida como la doble traducción de los conceptos tecno-científico-normativos al lenguaje narrativo cotidiano y de estos, a aquellos; por lo tanto se avanzará en la co-construcción del saber académico, haciendo el tránsito de la exclusiva racionalidad científica al complemento con los saberes del sentido común y los saberes populares.

  • Reconocer el carácter que asume la psicología en cuanto dispositivo de control y poder de los sectores dominantes sobre los sectores subalternos, para generar contradispositivos de emancipación y empoderamientos emergentes.

También se ha propuesto asumir la psicología de la liberación como parte de las denominadas psicologías sociales críticas (Díaz, 2005,b) y caracterizadas desde la década del 70 por: (a) hacer explícita la crisis de relevancia de la psicología social,(b) su carácter hegemónico,(c)la objetivación del saber, (d) el planteamiento de la existencia de una verdad, (e)el uso del método experimental como único método de investigación, (f) considerar la existencia de una relación sujeto- objeto en la producción de conocimiento, (g)asumir la neutralidad valorativa de la ciencia, su desvinculación de la política y con ello su ahistoricidad. De allí que se privilegiaba el ejercicio profesional de la psicología en su opción “liberal, medicalizada, biologicísta y clínica” (Díaz, 2005,a; p.120)

En igual sentido, Montero (2009) refiriéndose a lo que caracteriza la crítica de la psicología social crítica, plantea: es crítica de las grandes desigualdades en la distribución de la riqueza; crítica de las estructuras sociales y las formas de gobierno que las sustentan; crítica la concepción que del ser humano predomina entre los científicos de las ciencias sociales; crítica a los modos de hacer psicología.

Por lo dicho hasta el momento, es que propongo que la psicología de la liberación sea asumida como una expresión de la psicología política, que se concreta en el espacio comunitario. Al actuar como interfaz, la psicología de la liberación retoma las tendencias teóricas más contemporáneas de la psicología política, pero, aplicadas en contextos específicos y desde las orientaciones teóricas que ha consolidado la psicología comunitaria.

El reto para construir esta confluencia, entre la psicología de la liberación, la psicología política y la psicología comunitaria es grande, pues implica, según Díaz (2005 a): (a) pensar de otra forma la psicología, (b) implementar otras maneras de llevarla a la práctica, (c) inventar nuevas formas de ver el mundo, de designarlo, de adquirir nuevos sentidos y sensibilidades frente al saber y el ser del que procede. (d) pensar y pasar de lo instituido a lo instituyente, de la imitación a la creación, de la repetición a la fundación, del consenso al disenso, del monólogo a la polifonía.

Seguramente, desde la práctica concretamos esta confluencia. Ahora se trata de hacerla visible, explicitarla, darle sentido, llenarla de contenido integrador desde una perspectiva inter-áreas de la psicología y transdiciplinar de la ciencia.

Conclusiones

La psicología comunitaria, la psicología política latinoamericana y la psicología de la liberación son construcciones que se han desarrollado enfatizando las teorías y las prácticas propias de América Latina. Cada una de estas áreas de la psicología tienen una corta, pero reconocida trayectoria, unos discursos teóricos, unos modelos de intervención, unas comunidades académicas que las respaldan y construyen, por lo que es posible reconocer sus orígenes, sus tendencias, sus pensadores y pensadoras, es decir: su historicidad en devenir.

Pero, cada una de ellas, apoyada en su propio objeto y discurso, quiere constituirse paralela a las otras, aunque frecuentemente se entrecruzan, como se puede apreciar en los autores que escriben sobre la psicología de la liberación, la psicología política latinoamericana y la psicología comunitaria, algunas de cuyas voces se rastrean en las referencias bibliográficas que sustentan, entre otros, el presente artículo.  

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