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Cahiers de Psychologie Politique

La psicología política en el Paraguay en cuanto área de investigación ha tenido un desarrollo limitado y con apariciones y aportes más identificables por su carácter circunstancial que por la sistematicidad ordenada. No obstante, unos pocos autores demostraron interés en asociar el estudio del comportamiento con variables relacionadas a la contingencia política. El grado de profundidad que guardan estos aportes corresponde de manera más congruente al de las elaboraciones teóricas y reflexiones diversas que a la práctica de investigaciones de corte empírico. No obstante, se registran algunos eventos muy significativos aunque aislados que apuntan de manera muy clara al estudio del comportamiento político, como la organización de congresos afines a la especialidad. Una dificultad para lograr un desarrollo más continuado de la psicología política radica en el carácter esporádico de estas reuniones y en que su organización se produce de forma muy externa al contexto universitario. Estas instituciones no han asimilado el concepto de psicología política como área de investigación autónoma. Este artículo propone los siguientes objetivos: 1) Estudiar algunas publicaciones producidas durante la primera mitad del siglo XX por parte de autores que en su origen fueron abogados o economistas y que guardan relaciones conceptuales generales con el estudio del comportamiento humano y sus probables encuentros con lo que hoy se denomina psicología política, 2) Analizar la concepción del comportamiento político y los temas de interés que figuran en el discurso y las publicaciones correspondientes a eventos como los congresos organizados en el país y otros espacios de investigación más asociados al ámbito universitario, 3) Explorar las conexiones entre la psicología política y otros ámbitos de la psicología que guardan relaciones de afinidad con ella, de manera particular la psicología comunitaria, 4) Sugerir una agenda de investigación para el establecimiento de una psicología política en el país a mediano plazo, así como un análisis de su relevancia para el desarrollo de la psicología en el Paraguay.

Political psychology in Paraguay as a research area has had a limited development and with appearances and contributions more identifiable for its circumstancial character than for its orderly system. However, a few authors demonstrated interest in associating the study of behavior with variables related with the political contingency. The depht of these contributions is more congruent with the theoretical elaborations and reflections than to the practice of empirical research. Nevertheless, there are some very significant events although isolated that point in a very clear way to the study of political behavior, as the organization of conferences related to the specialty. A difficulty to achieve a more continuous development of political psychology lies in the sporadic character of these meetings and in that its organization takes place in a very external way to the university context. These institutions have not assimilated the concept of political psychology as an autonomous research area. This article proposes the following objectives: 1) To study some publications produced during the first half of the XXth century for authors than in its origin were lawyers or economists and who keep general conceptual relations with the study of the human behavior and its probable encounters with what today is known as political psychology, 2) To analyze the conception of political behavior and the topics of interest that appear in publications pertaining to events such as congresses organized in the country and other areas of research more closely associated with academia, 3) To explore the connections between political psychology and other fields of psychology that kept relations of affinity with it, in particular community psychology, 4) To suggest a research agenda for the establishment of a political psychology in the country in the medium term, as well as an analysis of its relevance to the development of psychology in Paraguay.

Introducción

Tanto la psicología social como la psicología política dieron sus primeros pasos en el escenario de las nacientes ciencias del comportamiento hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX. Por el hecho de provenir de tradiciones muy emparentadas, en varios casos importantes los actores principales que ayudaron a construir ambos campos fueron los mismos. Con relación a la psicología política, quien primero representó ese concepto parece haber sido el antropólogo alemán Adolf Bastian (1826-1905) que en 1860 lo utilizó en el texto de su obra Der mensch in der geschichte, o El hombre en la historia, publicada en tres volúmenes (Rudmin, 2005). Décadas más tarde, un pequeño grupo de escritores concibieron varios libros y reflexiones que ayudaron a delimitar de manera crecientemente específica el campo emergente de la psicología y la política. En este sentido Soares da Silva y Zonta (2010) recuerdan como antecedentes fundamentales dos obras que escribió el politólogo y sociólogo francés Émile Boutmy (1835-1906), que se titulaban Essai d'une psychologie politique du peuple anglais au XIXe siécle en 1901 y Élements d'une psychologie politique du peuple américain de 1902, además del libro de Elói Luis André (1878-1935) llamado El histrionismo español. Ensayo de psicología política de 1906 y otro del autor brasileño Victor de Britto quien en 1908 publicó Gaspar Martins e Julio de Castilhos. Estudo crítico de psychologia política. Sin embargo, y quizás por tratarse de un autor de mayor prestigio e influencia en la historia de la psicología, se ha reconocido de manera corriente en la obra del sociólogo y psicólogo social francés Gustave Le Bon (1841-1931) el establecimiento del eslabón más significativo para la evolución de la psicología política. Le Bon escribió una obra que se conoció como Psychologie politique et la défense sociale y fue dada a conocer originalmente en 1910 (Le Bon, 1910). Algunos autores anglosajones (McDermott, 2004), al parecer sin tomar suficientemente en cuenta estos antecedentes, o lo que sería aún más impropio, desconociéndolos, sostienen que la integración de la psicología y la política comenzó en la década de 1920 con el trabajo del académico Charles Merriam (1874-1953) y su alumno Harold Lasswell (1902-1978), quienes iniciaron el campo de la psicología política estadounidense.

Los historiadores de la psicología suelen mostrarse inclinados a identificar autores que preceden con sus escritos y reflexiones el surgimiento de sectores nuevos dentro de las ciencias del comportamiento. Los objetivos que guían estas búsquedas pueden ser muy diversos, desde colaborar en la organización de campos incipientes del conocimiento hasta la discusión de aplicaciones específicas que esas teorías puedan contener en relación a los problemas sociales. Superficialmente considerado, el recopilar fuentes primigenias puede asemejarse a un simple ejercicio intelectual distractivo. No obstante, presenta también una ventaja adicional y muy relevante: esclarecer la evolución conceptual y la comprensión de los cambios que pueden identificarse en los conceptos definitorios que se utilizan para cada área de la psicología. Por estas razones, una exploración de los pioneros o precursores de la psicología política que sea lo suficientemente amplia tendría el potencial de multiplicarse en una extensa lista de autores que a la vez debería incluir un considerable número de pensadores, épocas y escuelas. No puede ser de otra forma porque, como señala Houghton (2009) con todo acierto, la materia fundamental para la psicología política es tan antigua como la política misma, habida cuenta que desde el tiempo en que las personas comenzaron a reflexionar críticamente sobre estos asuntos se cuestionó también el porqué los seres humanos actúan en las formas como lo hacen en todas aquéllas cuestiones que conciernen al ámbito de atención específico que ha delimitado esta disciplina. Vista con este criterio amplio, autores célebres en la historia del pensamiento como Thomas Hobbes (1588-1679), John Locke (1632-1704), Nicolás Maquiavelo (1469-1527) o Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), entre otros, merecen ser considerados para ocupar un espacio propio en esta historia singular. No es desmedido extender el rastreo hasta los lejanos tiempos de Platón, quien consideró a la política una ciencia regia porque tenía que ver con el gobierno así como Aristóteles, para quien la política ocupa la cúspide de todas las ciencias porque guarda relación con la polis y la administración de la ciudad (Zárate Alva, 2006).

Con raíces bien aferradas a la psicología, esta disciplina se convirtió en tributaria de influencias diversas. Incluso el nombre que lleva la psicología política revela un campo de investigación cuya articulación es esencialmente interdisciplinaria (Iyengar y McGuire, 1993), constituyendo una alianza fuerte con otras áreas, de manera fundamental las ciencias políticas. Cuando se la concibe en su sentido moderno es posible percibir que este sector logró convertirse en un campo muy dinámico cuya especificidad se relaciona con la forma en que las instituciones políticas afectan y son afectadas por el comportamiento humano (Jost y Sidanius, 2004). En un sentido más genérico su definición comprende la aplicación de cuanto es conocido en la psicología humana al estudio de los problemas surgidos en el ámbito de la política (Sears, Huddy y Jervis, 2003). Varios sectores de la investigación básica como la psicología social, la psicología de la personalidad, la psicología del comportamiento anormal, la psicología del desarrollo, la psicología cognitiva y el estudio de las relaciones intergrupales confluyen de forma directa para la configuración de los perfiles que enmarcan el ámbito de la psicología política. Deutsch y Kinnvall (2002) identifican doce racimos de temas centrales para la investigación, que incluyen el estudio del individuo como actor político, los movimientos políticos, el liderazgo, estructuras y alineamientos políticos, relaciones entre los grupos, procesos políticos, estudios de casos, desarrollo humano y economía política, voto y toma de decisiones, política exterior y pensamiento grupal, gobierno y autoestima e identidad y conflicto grupal.

Aún otros autores como Neuman, Marcus, Criglet y MacKuen (2007) y Westen (2007) exploran la influencia que corresponde a las emociones sobre la toma de decisiones políticas. En años recientes se ha vuelto más sistemático el estudio de la correlación que puede establecerse entre la personalidad, medida de acuerdo a los parámetros que establece por ejemplo la teoría de los cinco factores o big five de Robert McCrae y Paul T. Costa (McCrae y Costa, 1996) y la formación de las actitudes y el comportamiento político (Mondak, 2010). Los problemas políticos y sus relaciones con la psicología tampoco escapan a la óptica peculiar representada por el psicoanálisis, cuyos estudios vinculan los abismos interpretativos de la psicología profunda con las apasionadas convicciones políticas que forman los ciudadanos (Samuels, 1993). La contribución freudiana más próxima a los ámbitos de la psicología social y la psicología política, tanto por la temática general como por el enfoque fue la Psicología de las masas y análisis del yo, obra que Sigmund Freud (1856-1939) dio a conocer en 1921 (Freud, 1921/1981) y donde se perciben influencias muy claras del pensamiento de Le Bon. Según opina Falcón (2005), fue la necesidad de articular coherentemente la psicología individual con la social y con los aspectos políticos derivados de ella los que motivaron al creador del psicoanálisis a la producción de este trabajo.

Otros problemas centrales para una comprensión realista de nuestro convulsionado mundo moderno incluyen el conocimiento de las motivaciones que guían a los líderes y los seguidores que los apoyan o los vínculos a veces muy poderosos que se forman entre estos mismos individuos y quienes los sustentan, o las malas percepciones recíprocas que conducen al surgimiento de los conflictos políticos y los fundamentos psicológicos de las actitudes inhumanas que afloran con relativa frecuencia en la historia de los pueblos y se traducen en prácticas denigrantes como la limpieza étnica y los enfrentamientos genocidas (Post, 2004). Estos son puntos fundamentales en la agenda de los psicólogos políticos. Resulta claro entonces que ellos no pueden limitarse a simplemente trazar los efectos de las creencias y los deseos sobre las acciones individuales y de estas hacia el acontecer social. También es imprescindible ocuparse de los procesos por los que estas creencias y deseos se forman (Elster, 1993). Un buen ejemplo de esto último y que ha sido muy explorado en las ciencias del comportamiento con mucha frecuencia son los efectos que puede crear la disonancia cognoscitiva. Los fines que persigue el campo de la psicología política también son múltiples. En este sentido Cottam, Dietz-Uhler, Mastors y Preston (2010) sostienen que uno de los fines principales es el establecimiento de leyes generales del comportamiento que deben contribuir a explicar y predecir eventos que puedan generarse dentro de un abanico muy amplio de situaciones relacionadas con el accionar político.

En América Latina la psicología política tuvo avances significativos en los últimos años. De una manera más cercana a las preocupaciones que definen a la disciplina en términos modernos, la investigación psicológica de los fenómenos políticos está entre nosotros desde la década de 1970 en adelante. Como señalan Montero y Dorna (1993), la disciplina tal como se concibe en nuestro continente se diferencia en su perfil básico del concepto que prevalece en las universidades estadounidenses, donde es más ubicuo su carácter académico. En nuestro continente, en cambio, la psicología política moderna, sin abandonar su carácter de investigación, se halla mucho más cercana a los debates surgidos al interior de la sociedad y con una clara apuesta a la transformación social. Esto es muy perceptible en el trabajo de los principales investigadores que surgieron en diferentes países, como el malogrado Ignacio Martín-Baró (1942-1989), que se movió en el límite entre la psicología social y la psicología política y que por el compromiso que asumió con los menos favorecidos y los perseguidos debió pagar con la vida la claridad de su vocación. Su trabajo, que se caracterizó por la aplicación de la dialéctica marxista a la psicología, llegó a conocerse como psicología social de la liberación (Martín-Baró, 1990, 1992, 1995). Otros autores distinguidos, como la venezolana Maritza Montero en el marco de la psicología crítica y el chileno residente en Francia Alexandre Dorna realizaron contribuciones de importancia en años recientes (Dorna, 2004, 2006, Montero, 2004, 2010a, 2010b, 2010c). Obviamente, el avance de la psicología política no alcanzó todavía unos desarrollos homogéneos en todos los países. Mientras en algunos existen sociedades específicas y publicaciones, en otros se encuentra todavía en el nivel más incipiente de sus discusiones iniciales.

Este artículo explora los desarrollos que ha tenido la psicología política en el Paraguay, un país de nivel intermedio en consideración a la investigación psicológica. En esencia este trabajo propone los siguientes objetivos: 1) Estudiar algunas publicaciones producidas durante la primera mitad del siglo XX por parte de autores que en su extracción profesional original fueron abogados, economistas o políticos activos y que guardan relaciones conceptuales generales con el estudio del comportamiento humano y sus probables encuentros con lo que hoy se denomina psicología política, 2) Analizar la concepción del comportamiento político y los temas de interés que figuran en el discurso y las publicaciones correspondientes a eventos como los congresos organizados en el país y otros espacios de investigación más asociados al ámbito universitario, 3) Explorar las conexiones entre la psicología política y otros ámbitos de la psicología que guardan relaciones de afinidad con ella, de manera particular la psicología comunitaria, 4) Sugerir una agenda de investigación para el establecimiento de una psicología política en el país a mediano plazo, así como un análisis de su relevancia para el desarrollo de la psicología en el Paraguay. Para iniciar, procederemos a una revisión de los escritos de un par de autores nacionales que trabajaron en los comienzos y en los mediados del siglo XX y que, desde diversas aproximaciones, pueden considerarse relacionados al concepto moderno de psicología política.

Primeras muestras de interés en el Paraguay

a) Manuel Domínguez

Los autores paraguayos que incursionaron en análisis y propuestas susceptibles de estimarse próximos a un concepto actual y abarcador de la psicología política entregaron ensayos y discursos recogidos en las páginas de revistas culturales. Los contenidos eran sobre todo reflexiones centradas en el repaso de eventos fundamentales para la historia del país y que sirvieron a estos escritores como elementos para los diversos puntos de análisis que emprendieron. Los propósitos principales que se desprenden de estos artículos se hallan vinculados a la postulación de una forma de determinismo histórico, cultural, social y ambiental que configura el carácter nacional peculiar que exhiben los habitantes del país. Por estas razones los estudios pioneros se ubican mejor dentro de una perspectiva de análisis de la cultura y de geografía física y solo en un segundo término como indagaciones que alcanzan el comportamiento político en cuanto tal. Si se piensa que el concepto de carácter nacional en sí mismo es relativamente difuso y se halla insuficientemente definido podrá comprenderse mejor porqué su estudio se encuentre rodeado de un cierto número de imprecisiones que dificultan su comprensión. La impresión de cierta ambiguedad no deja de ser del todo cierta, aunque en general al carácter nacional como concepto se lo pueda asimilar como el conjunto de las influencias ambientales, históricas, culturales, raciales y eventualmente genéticas que demuestran el poder de condicionar los hábitos, los comportamientos, la personalidad y hasta ciertas formas de pensamiento típicos que se registran entre los habitantes de una determinada región o país. Con ello, sirven para diferenciar a estos de quienes provienen de otras zonas o latitudes geográficas en formas claras, distinguibles y consistentes. A su vez, permiten individualizar los contornos en la identidad de un pueblo sobre bases que pueden resultar observables y mínimamente comparables.

Preocupaciones de esta naturaleza, desde luego, no afloraron únicamente en el Paraguay. En los países vecinos y en otras naciones más distantes del continente se encuentran autores, muy eruditos las más de las veces, que pudieron ensayar disecciones similares respecto a las características autóctonas atribuibles a sus pueblos. Al hacerlo, alcanzaron conclusiones tanto favorables como pesimistas respecto a ellos (Ramos Mejía, 1915, Salazar, 2001, Vilanova, 1999, 2001). Desde luego los pensamientos originados sobre estos problemas y las respectivas explicaciones a que dieron lugar no fueron idénticos entre diversos autores o de un país al otro. Pero los enfoques que surgieron en el Paraguay de comienzos del siglo XX, al menos el más antiguo que se puede mencionar entre ellos y que a continuación analizaremos con brevedad, estaban marcados por un ingrediente completamente distinto e imposible de igualar en aquél momento en cualquier otro sitio que no fuese el Paraguay. Esto es así porque invariablemente esos escritos tomaban como su punto de partida a la gran hecatombre nacional que representó la Guerra contra la Triple Alianza, un conflicto bélico de dantescas proporciones que entre 1864 y 1870 puso en una confrontación muy desigual al Paraguay contra sus dos grandes vecinos Argentina y Brasil y contra la cercana pero no fronteriza Banda Oriental o Uruguay. El genocidio de la Triple Alianza mutiló al país en una proporción mayoritaria de su población y pulverizó su infraestructura material y económica.

En este contexto no faltaron intelectuales de variada procedencia que consideraron una parte fundamental de su compromiso con la sociedad el comprender, escribir y teorizar sobre las peculiaridades intrínsecas que parecían propias del ser nacional paraguayo. Pero fue a Manuel Domínguez (1869-1935) a quien le correspondió la elaboración más interesante y con seguridad la más original. Era muy propio de su estilo el esparcir en sus escritos los signos claros de una erudición abrumadora. Pero su producción fue, también con absoluta certeza, la más controversial. Para entender a Domínguez hay que tomar en cuenta que fue un hombre de perfil multifacético y tomó participación en muchos campos distintos de la actividad intelectual. En todos ellos le cupo una actuación destacada. Es por ello que se lo ha considerado un exponente importante de las letras paraguayas por la belleza estética que alcanzó su prosa (Amaral, 2006, Cardozo, 1985, Rodríguez-Alcalá y Pardo Carugati, 1999), así como un prolífico escritor e historiador (González de Bosio, 2000) y uno de los representantes principales de los estudios filosóficos en el país (Amaral, 2010, Benítez, 1983, González, 1946). Al mismo tiempo fue un gran defensor de los derechos territoriales paraguayos amenazados durante la Guerra del Chaco que se libró contra la norteña nación boliviana entre 1932 y 1935 (Centurión, 1950). En la defensa de los títulos nacionales que la república del altiplano reclamaba como suyos llegó a escribir numerosos y bien documentados opúsculos.

Como ocurre con otros escritores que entregaron su talento a la producción intelectual en este país, las incursiones de Domínguez en la psicología han sido tradicionalmente menos comentados y conocidos. En fecha reciente sus aportes al estudio de la identidad nacional de los paraguayos se han documentado en artículos cuya finalidad principal es la reconstrucción de la historia general de la psicología en el Paraguay (García, 2003a, 2004, 2007, 2009), pero también aparecen en estudios que se enfocan sobre los aspectos de su obra psicológica en forma específica y de forma más detenida (García, 2012a). Las ideas principales de Domínguez se encuentran contenidas en artículos y libros (Domínguez, 1903, 1918, 1946, 1959) donde ensaya explicaciones de lo que podría denominarse las predisposiciones psicológicas, los comportamientos y peculiaridades que el consideraba inherentes al hombre paraguayo (sin dejar de mencionar a este respecto que Domínguez habló muy poco de la mujer) y sus posibles fundamentos y explicaciones. Estos se encuentran asentados sobre factores internos como la raza y también externos, que se refieren sobre todo a los efectos que sobre el carácter son capases de ejercer los componentes minerales que abundan en el suelo, el clima y la alimentación que es típica de los paraguayos. Lo que en esencia Domínguez buscó explicar eran las razones por las cuales los luchadores paraguayos en la guerra, aún sufriendo penurias, privaciones, adversidades y sufrimientos de todo tipo, dieron muestras de coraje, heroísmo, valentía, sacrificio y abnegación tales que, siempre en la óptica particular de Domínguez, nunca podrían ser igualadas ni alcanzadas por ciudadanos de ninguna otra parte. Las consecuencias que generó esta epopeya resultaron tan amplios y devastadores que su ejemplo continúa sirviendo como elemento de apoyo en análisis de diverso tipo, incluyendo uno de producción reciente (Henson, 2006) donde se explica la visión que tiene la psicología evolucionista en relación a la guerra como producto de la filogenia humana.

Por supuesto que las creencias sobre el valor y sacrificio que se atribuye a los soldados paraguayos, de acuerdo a cuanto se recoge de un cierto grupo de fuentes históricas más objetivas, no se hallan desprovistas de fundamento (Whigham, 2010). Esas cualidades fueron reconocidas ya en tiempo de la guerra, incluso por autores provenientes de los países adversarios. Domínguez ensayó una explicación de las contingencias reales que convierten a los paraguayos en diferentes a los habitantes de otras tierras, y es esa visión peculiar la que lo hace un protagonista de estas páginas. Teniendo en cuenta su época y el contexto en que escribió, no hay que pretender que el conjunto de sus opiniones puedan ser evaluadas con criterios científicos demasiado estrictos. En realidad el autor modeló sus puntos de vista sobre la expresión de naturalistas e historiadores anteriores a el mismo en la práctica del ensayo y no pudo evitar del todo que su discurso se mostrara influido por visiones ideológicas muy claras y definidas. Los paraguayos, con su personalidad particular y su reconocida resistencia al infortunio, eran producto de cuatro causas fundamentales (Domínguez, 1959), de las cuales las dos primeras parecían considerarse las más importantes en el conjunto de la argumentación (García, 2012a). En primer lugar se hallaba el medio ambiente, que incluía tanto aspectos relacionados a los elementos minerales que se hallan libres en el suelo y en el agua de los ríos y arroyos de la geografía nacional, así como al clima en general. En segundo término está la raza, a la que Domínguez denominaba la causa interna. En tercer componente incluía el momento, que representaba la totalidad de eventos y circunstancias que afectan la vida de un individuo y tienen el poder de desencadenar reacciones únicas. Y en cuarto y último lugar, el caudillo. Quedaba claro que el espíritu fiero y resistente de los paraguayos podía ser canalizado adecuadamente si frente a él se hallaba un individuo de liderazgo fuerte capaz de catalizar esos comportamientos, como claramente había ocurrido en los años que duró la guerra con el Mariscal Francisco Solano López (1827-1870). Con estos elementos actuando de forma congruente entre sí, Domínguez pudo edificar su visión sobre lo propio y característico del ser nacional. Con ello, al mismo tiempo, dio nacimiento al estudio del carácter nacional en el Paraguay.

b) Epifanio Méndez Fleitas

Tuvieron que pasar siete décadas antes que fuera posible identificar otra obra de autor paraguayo susceptible de considerarse afín al cruce singular que ocurre entre psicología y política. Y ello habría de ocurrir en 1971 cuando se publica en Asunción un pequeño libro de Epifanio Méndez Fleitas (1917-1985) que recibió el sugerente título de Psicología del colonialismo. Imperialismo yanqui-brasilero en el Paraguay (Méndez, 1971). La obra ampliaba una conferencia titulada «Política económica para la emancipación» que el autor había dictado dentro de un ciclo de charlas impartidas en el Instituto Paraguayo de Cultura «Ignacio A. Pane - Blas Garay». Las conferencias que se llevaban a cabo en esta institución tenían un claro perfil contestatario y opositor en la época que el país permanecía bajo la férrea dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), que en la década de 1970 encarnó uno de sus momentos de represión más violentos. La organización de estas reuniones servía para convocar a los sectores disidentes que también existían dentro del Partido Colorado aunque en clara minoría. Ellos se hallaban constituidos en una gran parte por intelectuales y militantes activos que no estaban incluidos en la administración de Stroessner por diferentes razones, principalmente por su resistencia a permanecer alineados con la estructura dominante del poder político. Tampoco acompañaban los excesos que el régimen cometía contra la población ni el carácter vertical y excluyente que caracterizaban a ese gobierno. También se hallaban aglutinados en estos grupos los militantes del ala de izquierda del Partido Colorado. Epifanio Méndez era una de aquéllas personas. Antes de la llegada de Stroessner al poder por un golpe de estado en 1954, Epifanio, como se lo conocía popularmente en Paraguay, había ocupado algunos cargos relevantes en la función pública, habiendo sido jefe de la policía entre 1949 y 1952 y también presidente del Banco Central del Paraguay, cargo que ejerció entre 1952 y 1955. Igualmente fue autor de una abundante literatura que trataba de la política y desarrollo monetarios del Banco Central del Paraguay (Méndez, 1953, 1955, 1956, 1957) o de análisis e historia política paraguaya (Méndez, 1965, 1979, 1989, Méndez y Chaves, 1950).

La Psicología del colonialismo (Méndez, 1971) es una reflexión aguda sobre la influencia que ejercieron el colonialismo y el imperialismo brasileño, norteamericano y británico en la historia del Paraguay independiente, así como sus efectos en la creación de una persistente dependencia económica y política en el país. La naturaleza real que ha tomado esa subordinación -que no ha logrado quebrarse hasta nuestros días- comienza al día siguiente de finalizada la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870), cuando el Paraguay se encuentra completamente derrotado en la desigual confrontación con sus adversarios y observa absolutamente destruida su infraestructura económica y material. Como muchos historiadores han señalado por más de un siglo, los gobiernos que tuvo la nación paraguaya desde los días de su independencia en mayo de 1811 hasta el comienzo de la guerra (el del Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, Carlos Antonio López y el ya mencionado Francisco Solano López), se caracterizaron por el desarrollo e impulso de un modelo económico autónomo, en el cual el autoabastecimiento interno para la satisfacción de las necesidades básicas de la población, la ausencia de una deuda externa -principalmente con los bancos británicos y sus asociados financieros de la región-, la estabilidad económica interna y la práctica de una política exterior que colocaba como un valor supremo el reconocimiento a la independencia del país en medio de vecinos hostiles con pretensiones anexionistas (sobre todo el gobierno de Buenos Aires) constituyeron los ejes principales para la implementación de una política autónoma y libre.

El libro reposa sobre una extensa exposición de fundamentos. En efecto, toda la primera parte es una presentación de las ideas de Méndez sobre las ciencias políticas y sus diversas vertientes históricas. Basa sus conceptos en ejemplos tomados de la historia antigua y clásica, lo que no deja de transmitir un cierto clima de erudición profunda. En su tratamiento del tema sobresale la noción de esoterismo de la que el autor hace uso frecuente y extendido y al que considera inherente a muchas de las teorías y las prácticas políticas existentes. Esta condición no es extraña, habida cuenta que la política constituye un campo donde entran en conflicto intereses de diversos tipos, no precisamente altruista, como son las ambiciones de poder, riqueza y privilegios, cuyos verdaderos designios casi nunca resultan completamente explícitos. El autor encuentra aquí una buena oportunidad para aplicar de forma muy original algunos conceptos psicológicos como el del inconsciente colectivo, cuya acción en el plano político supone asociada al juego de intereses de ciertos grupos con el fin de obscurecer y disfrazar eficazmente los verdaderos propósitos que mueven a la política. Esto lo lleva también a discutir el fundamental concepto de ideología. De allí resulta también de importancia la plena y consecuente toma de conciencia frente a las teorías y las situaciones que se presentan en los escenarios cambiantes de la vida social. Como afirma el autor:

 “Equivale psicológicamente, a la sustitución de las preferencias
personales inconscientes, por otras deliberadamente aceptadas; o
sea, el desmontaje del ego particularizado en función de intereses
de clases, grupos o imperios, que nada tienen que ver con los
genuinos de uno, para reajustarlo conforme a los patrones
conceptuales más coherentes con nuestros destinos colectivos,
nuestra "verdad verdadera" (Méndez, 1971, pp. 14).

No tarda en hacerse patente, por otra parte, la valoración que prevalece en la perspectiva del autor respecto al imperialismo al que, en su esencia más básica, puede considerarse delictuoso (Méndez, 1971). De hecho, las acciones de los imperios sobre las naciones sojuzgadas se amparan siempre en la acción directa y visible de la política, aunque las motivaciones reales no excluyen la práctica del despojo directo sobre las riquezas del pueblo dominado cuando no la simple y vulgar rapiña. Los representantes más claros de la expansión imperialista no son difíciles de imaginar y surgen rápido en el discurso de Méndez: Inglaterra y Francia. En la historia moderna de Egipto se puede ilustrar el caso con el surgimiento de la figura política del Coronel Gamal Abdel Nasser (1918-1970), que propició el surgimiento de una ideología nacionalista egipcia y el retroceso paulatino de los intereses y la dominación británica, así como de los sucedáneos principales, los Estados Unidos de América. Paralelos semejantes también se encuentran en los pasajes más importantes que dramatizan los capítulos de la historia paraguaya. Al trazar su argumento principal Méndez adhiere a la concepción tradicional del escritor Natalicio González (1897-1966), que suponía al imperio británico como el gran beneficiario de la derrota paraguaya durante la guerra del '70 (González, 1968). Este ha sido un punto de vista muy influyente en la historiografía paraguaya sobre la guerra y aún en algunos autores que escribieron desde el exterior, aunque ha sido cuestionado sobre razones muy sólidas en el tiempo reciente (Herken Krauer y Giménez de Herken, 1983). De acuerdo al punto de vista de nuestro autor, la expansión sostenida de la influencia imperialista también trae aparejado lo que se denomina el proceso de colonialización. Y la lógica inherente a este fenómeno cultural acompaña una psicología típica que se halla oculta por detrás. Los principios o suposiciones implícitas que le son inherentes también resultan muy claros. Así vistos, el colono o colonizador representa el bien, la cultura, la libertad, la dignidad, la decencia y el humanismo, en tanto el colonizado es el mal, la barbarie, la delincuencia, la holgazanería, y otros defectos similares. La visión tiende a retratar la colonización como productos ineludibles del avance y el progreso. Los resultados que produce esta dominación de arriba para abajo, a partir del que detenta la fuerza hacia quien resulta sometido es muy contundente, así como los procesos de deshumanización que siempre están presentes: “La enajenación psicológica y la animalización de hecho del colonizado, constituyen piezas claves y universales de este engranaje (Méndez, 1971, pp. 43)”.

No hay que olvidar a este respecto que los ejércitos de la Triple Alianza habían arribaron a estas latitudes con el propósito declarado de liberar al pueblo de la barbarie que le había impuesto Solano López e instaurar con ello la vigencia de la libertad y la modernidad. La supuesta acción libertadora, sin embargo, se practicó a costa del holocausto de un pueblo y la destrucción de todo cuanto había construido en varias décadas. Lo que escondía la aparente bondad del discurso público de los aliados, no obstante, era el propósito inconfeso de la anexión y la repartija del territorio, lo que se logró en buena medida tras la guerra, en ocasión de la firma de los tratados de límites realizado por gobiernos dóciles bajo la irresistible presión coactiva de los ejércitos de ocupación. La intención, no obstante, se hallaba ya claramente expresada en el tratado secreto que suscribieron las tres naciones coaligadas. Por todo lo anterior no resulta extraño que la historia de este país haya sido, en una medida muy considerable y abrumadora, un contrapunto muy real entre una suerte de neocolonialismo que en el Paraguay se encontró representado por las fuerzas invasoras de la Triple Alianza, principalmente el imperio de Pedro II (1825-1891) y el ejercicio y vigencia de un nacionalismo autóctono y autónomo en el Paraguay, arraigado con fuerza sobre los elementos de su historia, costumbres, tradiciones e identidad nacionales. Lo que fue el desarrollo de la política y la administración de los dos López, a la que Méndez (1971) describió como una economía de emancipación, era simplemente un sistema precapitalista puesto al servicio pleno de los intereses genuinos de la nación.

El sustento básico en que se apoyó este sistema fue finalmente desmantelado y destruido por los efectos fatales de la guerra y la acción de los gobiernos subsecuentes, instalados y manipulados por las potencias vencedoras. Méndez (1971) ve en los inicios de los gobiernos del Partido Liberal (adversario histórico y tradicional del Partido Colorado, a cuya facción contestataria pertenecía el autor) y que comenzaron en 1904 con breves interrupciones, el inicio de una nueva etapa en lo que considera la desnacionalización del pueblo paraguayo. Esto se tradujo en el intento de proscribir por fuerza de la ley algunas de las costumbres que mejor conectan al paraguayo consigo mismo, como el uso de la lengua guaraní, que es uno de sus elementos de cohesión cultural más fuertes y determinantes, así como otras disposiciones menores como la proscripción del uso del tradicional poncho paraguayo y otras prácticas diversas que, aunque sencillas, se encuentran muy identificadas con lo más sustancial de la nacionalidad paraguaya. La sucesión de varias circunstancias y episodios históricos que se dieron durante las décadas posteriores terminaron por conducir finalmente al establecimiento de la dictadura de Alfredo Stroessner, a la que el autor responsabiliza de haber retrotraído severamente al país al más claro ejemplo de colonialismo, próximo a las prácticas en las colonias clásicas inclusive, acentuado por la vigencia de negocios poco transparentes por parte de una pequeña oligarquía ligada al régimen en abierto desmedro del interés nacional mayoritario. Varios acontecimientos pueden utilizarse como ejemplos ilustrativos. La firma del Tratado de Itaipú el 26 de abril de 1973, que ha sido llamado el tratado más colonialista de la historia, representa en este caso la renuncia más elocuente del interés nacional en beneficio directo de los intereses hegemónicos de otra nación, en este caso el Brasil. El Paraguay de Stroessner mantuvo una política exterior que se ha denominado a veces pendular, alternando sus alianzas con las dos grandes potencias rivales en el Cono Sur, la Argentina y el Brasil y respondiendo al mismo tiempo a los intereses de la camarilla gobernante. Pero la firma del Tratado de Itaipú, como sugiere Da Mota Menezes (1990), marcó un punto de inflexión definitivo en el alejamiento de la Argentina y el alineamiento con los intereses brasileños. El gobierno dictatorial, que se hallaba tenazmente cerrado sobre el país como un inmenso candado de hierro en los días en que había sido producido el libro de Méndez, representaba el último eslabón de la lucha de este país por consolidar un destino de verdadera independencia.

La década de 1990 y el tiempo presente

Con la breve excepción de la llamada primavera democrática que se vivió por algunos meses entre 1946 y 1947 y significó el disfrute de las libertades civiles, sepultadas luego por el estallido de una revolución, el Paraguay nunca había tenido otro período verdadero de abierta vigencia de la democracia. La dictadura que encabezó Alfredo Stroessner significó la negación más drástica de cualquier aspecto ligado a este ideal de vida ciudadana, por lo que su repentina caída en febrero de 1989 por un golpe de estado y el inicio de una accidentada transición hacia la democracia, significaron para el país la conquista de una serie de espacios cívicos e intelectuales nuevos que abrieron la posibilidad de un avance cualitativo de gran significación para el ejercicio de mejores condiciones de vida, en especial de una vida en libertad para el conjunto de la población. También comenzó a volverse más frecuente la discusión amplia de los grandes problemas que afectaban a la sociedad nacional en sus diferentes niveles. La mención de esos tópicos en los claustros académicos, si bien no resultaban por completo imposibles, se hallaban severamente limitados en los años de vigencia del régimen autoritario. Esto era principalmente real en la universidad pública, que debió desarrollar su actividad en un contexto de mayor control y restricción interna. Cualquier cuestionamiento que intentara colocar en entredicho algún aspecto problemático de la situación nacional podría obtener sin más el calificativo de acto subversivo por parte de los operarios del régimen. Con ello se aseguraba de recibir de inmediato la sanción correspondiente.

Las recién recuperadas libertades en 1989 arrojaron varios efectos positivos y un cambio muy visible en la situación general y en la vida cultural. Uno de los resultados más importantes fue la organización de eventos propicios para el análisis del marco social de fondo como el 1er. Congreso Intermacional «Salud psicosocial, Cultura y Democracia en América Latina» que tuvo lugar en noviembre de 1992. Los organizadores de estas reuniones dejaron impresas las ponencias centrales en una serie de tres volúmenes (Arestivo, Riera y Campos, 1993) que son muy relevantes para conocer los temas fundamentales que concitaron la atención de los participantes. La importancia de este congreso ha sido resaltada en relación a la evolución conceptual de otras áreas que forman parte de las ciencias del comportamiento en el país, de manera singular la psicología de la salud, cuyos contenidos más destacados fueron explicados en un artículo diferente (García, 2012d). Entre los autores no todos fueron psicólogos, también los hubieron economistas, sociólogos, antropólogos y psiquiatras. Por ello la clasificación estricta que debería corresponder a los artículos allí entregados no siempre resulta muy sencilla de realizar y en la mayoría de los casos se sitúan en posiciones fronterizas entre la psicología política y la psicología social, o entre estas y la educación así como en ámbitos más relacionados a la salud. A la vez, y omitiendo las presentaciones de los participantes extranjeros que no son de prioridad inmediata para esta revisión, los investigadores nacionales que pueden considerarse representativos de la psicología exploraron temas muy diversos y desde muy variadas perspectivas. Asumiendo una visión más amplia que restringida en la conceptualización de la psicología política pueden mencionarse artículos sobre el problema del adolescente trabajador de la calle (Nuñez, 1993), la relación entre juventud, violencia y los medios masivos de comunicación (Jiménez y Sottoli, 1993), los efectos psicológicos causados por la práctica de la tortura durante el período de la dictadura (Arestivo, 1993, Arriola-Socol, 1993), la reinserción social de las víctimas de la tortura (Riera y Corvalán, 1993) y la salud psicosocial de los repatriados (Caballero y Torres de Gutiérrez, 1993). Es importante señalar que durante las sesiones de este congreso también estuvieron presentes varios investigadores que son referentes importantes de la psicología política a nivel latinoamericano. Ellos dejaron impresos sus artículos en el libro, mereciendo particular mención la psicóloga venezolana Maritza Montero (Montero, 1993) y la psicóloga chilena Elisabeth Lira (Lira y Castillo, 1993). El artículo de Montero es importante por otro motivo adicional, puesto que es el único en los tres volúmenes que desarrolla de manera explícita el concepto de psicología política.

La limitada producción de artículos que se ocupen de los fundamentos psicológicos de la conducta política revela al mismo tiempo otro hecho fundamental: El concepto mismo de la psicología política no ha sido suficientemente desarrollado como área diferenciada dentro del espectro de especializaciones psicológicas ni tampoco en cuanto campo de investigación con un objeto propio. Incluso en los ámbitos académicos que han situado a la psicología como una de las opciones de estudio profesional a lo largo de sus cinco décadas de existencia no ha llegado a profundizar una agenda de discusión en la intersección donde convergen psicología y política. Varios criterios pueden explorarse para dar cuenta de este panorama. El registro de investigaciones de tesis producidas en la Universidad Católica de Asunción así como el catálogo correspondiente de su biblioteca de psicología, a la sazón la colección de libros profesionales más importante del país, no recoge a la psicología política como un área de clasificación independiente frente a las demás que integran las ciencias del comportamiento. Entre las denominaciones conceptuales que se caracterizan por la similaridad o cercanía con la psicología política, el sector que sugiere mayor afinidad es, sin lugar a dudas, el de la psicología social. En este sentido, la formación a nivel de grado en el Paraguay comenzó en 1963 en la Universidad Católica de Asunción (García, 2013) y la primera cátedra de Psicología Social se dictó en sus claustros en 1966 por el padre Luis Ignacio Ramallo, quien pocos años después fuera sustituido por el psicólogo Tomás Palau, uno de sus más destacados alumnos. Tras unos estudios de especialización en el exterior, este segundo académico terminó dirigiendo sus intereses hacia el ámbito de la sociología, de la que nunca se apartó. Desde el tiempo de fundación de esta carrera hasta ahora, el crecimiento de la oferta formativa en Psicología ha sido constante y muy acelerado. En los últimos veinte años se pueden contabilizar más de cuarenta carreras, de acuerdo a reportes recientes (García, 2009). En ninguna de ellas, sin embargo, se cuenta con una cátedra de Psicología Política como parte de su plan curricular de estudios. La inclusión de unidades o tópicos en los contenidos de materia y que se puedan considerar afines al dominio de la psicología política tampoco resulta común o frecuente, permaneciendo la discusión de sus temas mayormente ausente de los ámbitos de la enseñanza universitaria, por lo menos en cuanto se refiere a las carreras de psicología. Una muestra de lo deficientemente concebida que pudo llegar a presentarse el área que nos ocupa para los lectores nacionales podemos encontrarla en la definición que ofrece un texto introductorio a la psicología cuyo uso fue común no tanto en el ámbito de la universidad sino en los planes del nivel medio o secundario. En el libro mencionado, la psicología política es aludida en una forma que no puede menos que considerarse inusual:

“Psicología Política: busca las formas y los medios para atraer electores en favor de un programa político o de un candidato (Chinaglia, 1996, pp. 49).”

En el período más reciente la investigación ha proseguido su curso aunque de manera esporádica y limitada, sin lograr por ahora la composición de proyectos sostenidos y coherentes. Al mismo tiempo, la psicología política no se ha insertado con fuerza entre los intereses principales de los psicólogos, pese a los indudables problemas que enfrenta la sociedad civil y a las múltiples respuestas que podrían ofrecerse con una eficiente articulación de proyectos bien diseñados en el encuentro de psicología y política. En el inventario de publicaciones psicológicas realizadas en el Paraguay que se dio a conocer siete años atrás García (2006) se identifica, entre otras varias categorías temáticas, una que agrupa las investigaciones en el área de la Psicología Social, la Psicología Política y los estudios de violencia contra la mujer. Entre ellos figuran varios capítulos reseñados en el libro Salud psicosocial, cultura y democracia en América Latina (Arestivo, Riera y Campos, 1993) y al que nos hemos hecho referencias previas. Pero además de esos textos pueden mencionarse como parte de aquélla revisión un artículo de Caballero y Caballero (1991) que desarrolla el concepto de la sociedad paranoide y traza sus especiales relaciones con el terrorismo de estado y el miedo subsecuente que su vigencia motiva en la población. Ese capítulo fue una contribución de los autores a una obra colectiva publicada en el Uruguay. Por otra parte Caballero y Corvalán (1993) investigaron la impunidad y la corrupción, en un libro de diversos investigadores que también fue publicado en el extranjero, esta vez en el Ecuador. Fuera de estas dos referencias, la representatividad de la Psicología Política se encuentra notoriamente ausente.

Es digno de mención el que algunos episodios recientes de la historia política del país, como el juicio político que destituyó al ex-presidente Fernando Lugo el día 22 de junio del 2012, representaron nuevas oportunidades de profundización para los interesados en los asuntos que bordean los límites de la psicología política. Uno de los productos emergentes de esa coyuntura es una investigación de Franco y Sandoval (2012) en la que sus autores hicieron uso de la técnica sociodramática para dirigirla hacia muestras selectas de personas que participaron de un encuentro de sociodrama y cuya organización corrió por cuenta del Centro de Estudios Humanistas «Arandú Saité» a solo quince días de producidos los acontecimientos políticos mencionados. A su vez García (2012b) aplicó los conocidos principios de la teoría de la disonancia cognoscitiva del psicólogo estadounidense Leon Festinger (Festinger, 1975) para el análisis de las actitudes muy contrapuestas que se generaron entre quienes dieron su apoyo y quienes rechazaron el juicio político y que condujo a visiones radicalmente antagónicas sobre idénticos sucesos.

Junto a la productividad que resulta objetivamente constatable en una cuantificación simple de las publicaciones, se pueden aplicar indicadores alternativos para avizorar los avances en la discusión de conceptos que podrían promover el desarrollo futuro de la psicología política. En los últimos años, por ejemplo, la visita de algunas personalidades destacadas como la psicóloga venezolana Maritza Montero en congresos internacionales de psicología organizados en Paraguay contribuyeron a divulgar de una manera más directa el contexto intelectual y práctico que corresponde a la psicología política, aunque los resultados hasta ahora solo puedan ser calificados de bastante limitados en lo que respecta a la organización de núcleos de investigadores, desarrollo de agendas científicas y en general en la toma de conciencia sobre la necesidad de avanzar progresivamente en esta área. Montero fue conferenciante invitada de dos eventos de gran relevancia en los últimos años: por una parte el 2do. Congreso Latinoamericano de Estudiantes de Psicología que se llevó a cabo del 6 al 10 de octubre del 2009 en el campus de la Universidad Nacional de Asunción en la ciudad de San Lorenzo y al año siguiente del III Congreso Regional de la Sociedad Interamericana de Psicología, celebrado en Asunción entre el 4 y el 6 de agosto del 2010. Este último tuvo la importancia adicional de haber sido el primero en ser organizado por la Sociedad Interamericana de Psicología (SIP) en Paraguay (García, 2012c). La conferencia que Montero entregó a este cónclave se tituló Poder y comunidad: La unión de Psicología Política y Psicología Comunitaria. Debe mencionarse igualmente la organización de los Diálogos con la psicología latinoamericana que en el 2012 se realizaron en las jornadas del 11 de agosto en Asunción y el 13 de agosto en Encarnación, y cuyo tema principal fue La complejidad de la violencia y sus manifestaciones actuales. Estrategias y dispositivos alternativos para desarrollar salud mental. Varios de los ponentes que acercaron sus contribuciones a estas dos reuniones consecutivas abordaron problemas que caen dentro de las áreas de interés de la psicología política.

Algunos eventos menores que tuvieron lugar en el medio académico local en años recientes también contribuyeron a situar los contornos de la psicología política en los ámbitos de discusión universitarios. Un buen ejemplo fue una reunión desarrollada en la Universidad de la Integración de las Américas (UNIDA) en Asunción que por entonces aún disponía de una carrera de Psicología que luego fue cerrada en el 2011 (García, 2011a). El panel, titulado UNIDA por la paz. Acercándonos a un compromiso social tuvo lugar el 4 de Noviembre del 2009 y convocó a especialistas de diversos campos, incluyendo educadores, psicólogos y también figuras del mundillo político como un diputado y dos senadores de la nación. La intención fundamental era debatir sobre la creciente sensación de inseguridad y violencia que se registra en amplios sectores de la comunidad nacional y que es uno de los tópicos psicosociales más frecuentemente debatidos en la arena pública durante los últimos años, así como en las conversaciones cotidianas de las personas. En aquélla ocasión el psicólogo José E. García presentó una ponencia centrada en una descripción de La psicología del Terrorismo. Los conceptos se apoyaban en las investigaciones que impulsa el psicólogo Gerard Saucier de la Universidad de Oregon y sus colaboradores (Saucier, Akers, Shen-Miller, Knezevic y Stankov, 2009). Se compararon los indicadores principales que definen el pensamiento de la militancia extremista con algunos aspectos resaltantes de cuanto se conoce sobre las acciones y el discurso político e ideológico del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), un grupo insurgente que desde hace algunos años opera en la zona norte del país, principalmente los departamentos de Concepción y San Pedro, realizando secuestros extorsivos a personas de gran caudal económico y actuando militarmente contra las fuerzas policiales asentadas en la región y los establecimientos ganaderos de la zona. La influencia de esta organización en la vida de las personas asentadas en sus zonas de acción directa es uno de los temas destacados para una agenda de investigación a mediano plazo.

El área asociada de la Psicología Comunitaria

Observada en términos globales, la revisión precedente permite arribar a una idea realista sobre el panorama actual que muestra la psicología política y afirmar que la vertiente más investigadora y empírica que corresponde a esta área todavía se encuentra en un proceso de gradual crecimiento y rumbo a una eventual consolidación futura. A esto debe agregarse que, en sentido genérico, el concepto de la psicología política es prácticamente desconocido en el contexto de los ambientes universitarios. Pero a diferencia de esta, la psicología comunitaria ha conseguido insertarse con un éxito más visible en las mallas curriculares que varias carreras de psicología implementan en la actualidad. En algunas de ellas, incluso, se constituyeron núcleos muy activos de profesores y alumnos interesados en promover su estudio y desarrollo. Este fenómeno es más evidente en algunas instituciones públicas como la Universidad Nacional de Asunción (UNA) y en otras privadas, como por ejemplo la Universidad Autónoma del Paraguay (UAP). Ganadora de numerosos adeptos estudiantiles en el tiempo reciente, la discusión sobre los alcances conceptuales de la psicología comunitaria se inició de manera algo limitada durante la década del 2000 por obra de algunos profesores que abordaban sus temas de interés básico en las clases que impartían en unos pocos centros universitarios que cuentan con carreras de psicología. Pero en los años inmediatamente posteriores se obtuvo un impulso más decidido. En la Universidad Nacional de Asunción el área de formación específica en este campo comenzó a funcionar en el 2004 como una de las opciones terminales que ofrece el programa de licenciatura de cinco años de esa institución, complementando así a las otras áreas de especialización que ya existían en aquél momento y que son las más conocidas en nuestro medio, es decir, las de Psicología Clínica, Psicología Educacional y Psicología Laboral. Estas tres últimas se imparten de forma ininterrumpida desde 1980 (García, 2003b), aunque en sus inicios en el plan de estudios de la Universidad Nacional integraban la especialización que se dictaba en cursos doctorales.

Según informan Rabito y Soto (2011), en el año 2009 defendieron sus tesinas los primeros cuatro psicólogos comunitarios formados en la Universidad Nacional. Algunos de sus trabajos de tesina dieron lugar a proyectos de investigación interesantes y novedosos, que revelan a las claras el singular potencial que puede esperarse de las indagaciones en este campo. Entre estas producciones, María José Galeano y Sonia Ibarra exploraron las implicancias del proceso de relocalización que fue resultado de la construcción de la represa hidroeléctrica de Yacyreta, de propiedad compartida con la Argentina y cuyas instalaciones se encuentran localizadas en la región sur del país, sobre los pobladores de los pequeños distritos de San Cosme y Damián (Galeano Torres y Ibarra López, 2009), dos de los que fueron afectados por el llenado del embalse de la represa. Por su parte, María Mercedes Sánchez y María Inés Acosta trabajaron en la sistematización de sus experiencias en el Bañado Sur de Asunción aplicando las herramientas que provee la investigación acción participativa (Sánchez Nardelli y Acosta Fretes, 2011). Por otra parte en la Universidad Católica, la institución más antigua que forma psicólogos en el país, el atractivo que despierta la psicología comunitaria entre los estudiantes ha resultado hasta ahora considerablemente menor y no ha generado una aproximación más crítica como en la Universidad Nacional. En todos estos departamentos académicos son principalmente los libros de Maritza Montero (Montero, 2007, 2010d, 2011) los habitualmente utilizados para el aprendizaje de los principios de la psicología comunitaria por parte de los alumnos. Las publicaciones de interés para este sector de la psicología también han continuado aumentando. El psiquiatra Martín Barúa de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Asunción ha trabajado sobre el concepto de clinitaria y cuya propósito declarado es superar la fragmentación percibida en el diálogo entre los ámbitos de acción clínicos y los comunitarios y propiciar acompañamientos no manicomiales en su aproximación a la salud mental (Barúa Caffarena, 2010). Otros autores como Britos y Rodríguez (2007), trabajando fuera del ámbito universitario, han levantado datos sobre la participación ciudadana en un contexto comparativo con los demás países del MERCOSUR.

Las intervenciones prácticas de la psicología comunitaria en el entorno vital de los sectores más desposeídos económicamente siguieron un curso paralelo al de su enseñanza universitaria, recibiendo una atención primordial a través de proyectos de aplicación social concretos y dejando en un segundo plano el desarrollo y la discusión teórica en si. En este sentido Rabito y Soto (2011) exponen las experiencias realizadas en el marco de las pasantías supervisadas a los alumnos que cursan la especialización en la Universidad Nacional. Estas comenzaron en el Bañado Sur de Asunción durante los años 2004 y 2005, en coincidencia con el inicio de la formación específica en ese campo. El Bañado Sur forma una de las zonas ribereñas más populosas de las asentadas a la orilla del Río Paraguay, sobre cuya bahía se encuentra enclavada la ciudad de Asunción. El lugar se halla caracterizado por una población de ingresos muy bajos y con numerosos problemas de recursos e infraestructura, además de la violencia y la delincuencia. En los años 2005 y 2006 este mismo grupo de profesores y sus alumnos trabajaron en el Barrio Ita Pytä Punta, otra zona ribereña del Río Paraguay que se encuentra en las cercanías de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional, a la que está integrada su carrera de Psicología. Durante el 2007, el sector de intervención para este equipo se desplazó a la ciudad de Villa Elisa, un municipio vecino a Asunción donde compartieron actividades con otras organizaciones no gubernamentales que habían estado liderando intervenciones en esos lugares desde un período anterior.

Sin embargo, la etapa de mayor impacto social en la agenda profesional de los psicólogos comunitarios tuvo relación directa con los graves acontecimientos que rodearon el siniestro del Supermercado Ycuá Bolaños (García, 2011b), que en la fatídica mañana del 1º de agosto del 2004 ardió en sus instalaciones del tradicional Barrio Trinidad de Asunción, atrapando en un incontrolable incendio a los clientes y empleados que se encontraban presentes en el local en aquél momento. El siniestro dejó un tendal de más de cuatrocientas víctimas mortales y de hecho se convirtió en el incidente que mayor cantidad de defunciones haya causado en el país en tiempo de paz. Como es fácil de comprender, este trágico accidente estremeció profundamente a toda la sociedad paraguaya y dejó marcas difíciles de borrar. Ante una situación rodeada de tan profundo dramatismo, los psicólogos interesados en el trabajo comunitario tuvieron en sus manos un enorme desafío y la oportunidad de consolidar su área de experticia a través de intervenciones puntuales que se llevaron a cabo con diversos grupos de sobrevivientes y sus familias. Las actuaciones que se libraron en este complejo escenario psicosocial dieron origen a algunas interesantes elaboraciones reflexivas por parte de profesionales que tuvieron una participación directa en los trabajos comunitarios (Moreno Giménez, 2005), varios de los cuales prosiguen hasta la fecha.

Comentarios finales

Desde principios del siglo XX se encuentran en la literatura cultural paraguaya artículos, libros, conferencias y escritos diversos en los cuales sus autores utilizaron conceptos relacionados al estudio de la mente y la conciencia en diversos contextos y sentidos. Con ello también lograron avanzar su estudio, aunque no siempre en forma deliberada, gracias a la aplicación de la teoría psicológica a una gran variedad de problemas y situaciones. Entre estos escritos, algunos concentraron su atención en asuntos que actualmente estimaríamos privativos del rubro de la psicología política. En este artículo se han analizado solo dos de ellos, los más relevantes e influyentes. Por un lado la obra del escritor Manuel Domínguez que interpretó las particularidades intrínsecas que definen al ser nacional paraguayo y lo diferencian sustancialmente de los habitantes provenientes de otras regiones del mundo. En su ensayo ensalzó las cualidades de los habitantes de estas tierras hasta límites que ningún otro autor alcanzó antes o después. Domínguez basó su trabajo en la penetrante erudición que tenía sobre la historia paraguaya y en los puntos de vista de exploradores y viajeros, la mayoría europeos, que cruzaron el país siglos antes y dejaron documentadas sus impresiones en un gran número de libros y algunos tratados de gran porte. Epifanio Méndez Fleitas entregó otra serie de interpretaciones importantes más de medio siglo después de las publicaciones de Domínguez. También utilizó de forma muy extensa la historia, aunque su intención y su estilo fueron muy distintos. En efecto, en su discurso fue mucho más político. Hizo gala de una prosa que, aunque cultivada y de fino estilo, no ocultaba la fuerza combativa del polemista. El ardor estaba no solo en la idea, también en la expresión. Ambos autores, sin embargo, no dejaron vestigios de seguidores ni formaron escuela, por lo menos en lo que respecta a sus incursiones en estos grandes temas que son los que ocupan a la psicología.

Cuando estos dos autores trabajaron en la argumentación de sus escritos y reflexiones aún no habían sido establecidos los primeros departamentos de psicología en el país. Estos fueron abiertos en la década de 1960 y continuaron su expansión sostenida hasta nuestros días. En varios sectores de la psicología se han producido avances destacables en la investigación a lo largo de esos años, pero en el de la psicología política los laureles conseguidos son menores. Salvo los ejemplos puntuales que hemos mencionado a lo largo de esta revisión, fueron los sociólogos y los politólogos quienes con mayor frecuencia dedicaron sus análisis a los problemas emergentes de la realidad social y política, quedando los psicólogos muy rezagados en relación a ellos. Hay buenas razones que podrían explicar ese peculiar retraso, principalmente la prevalencia de un estilo de psicología cuyo perfil disciplinario la aproxima a una identificación mucho más fuerte con las aplicaciones en la clínica y en la psicoterapia, además de algunas otras intervenciones que son habituales en los ámbitos de la escuela y el mundo del trabajo. Pero la escasa penetración de los estudios que vinculan comportamiento y política en el dilatado espectro de la enseñanza universitaria no responde a una causa única, también ha sido producto de la deficiente exploración de campos alternativos a los intereses de la psicología tradicional, no necesariamente anclados en la necesidad práctica que moldea las urgencias profesionales de los practicantes de la clínica sino en una visión más amplia del comportamiento y la interacción con el entorno. Estos ámbitos de interés, por consiguiente, se hallan más centrados en la construcción y profundización de los fundamentos. Parece evidente que en su mayoría los psicólogos no llegaron a descubrir el potencial inmenso de su ciencia en la explicación de los determinantes del comportamiento social.

Allí es donde debe buscarse el mayor rango de impacto práctico que puede brindar la psicología. Para ello no basta un manejo adecuado de la teoría, aunque esta sea una condición fundamental y necesaria para cualquier iniciativa seria y consecuente que pueda ser alcanzada en este plano. Mirada con atención y detenimiento, la realidad social paraguaya ofrece numerosas y urgentes oportunidades para la investigación. Lo que ha faltado hasta este momento y debe ser un complemento ineludible de la capacitación en teoría para los estudiantes de psicología es un dimensionamiento correcto y realista sobre los problemas relevantes. Para ello es necesario un acercamiento causal y explicativo capaz de generar hipótesis contrastables en situaciones que permitan el análisis del comportamiento social, especialmente cuando los fenómenos analizados se ubican en un medio a veces muy inestable y cambiante. También es necesaria una profundización de las perspectivas actuales que ofrece la psicología política internacional y sus áreas de investigación más destacadas, al punto que posibilite el uso fluido de sus herramientas conceptuales y metodológicas así como las de campos vecinos como la psicología social. Así habrá de disponerse de lo más elaborado y novedoso que provee la psicología de este momento.

En lo que podría considerarse la promesa para un desarrollo posible, las universidades deberán hacer su parte e introducir a la psicología política como un campo de estudio en la academia. A través de actividades especiales como conferencias o la organización de seminarios, las principales incógnitas que hoy impulsan la investigación de los psicólogos políticos podrán ir difundiéndose entre profesores y alumnos, creando el sedimento necesario para una institucionalización universitaria de mayor solidez y alcance. Con ello quizás podrá esperarse un crecimiento análogo al que experimentó la psicología comunitaria en los últimos diez años, cuando el apoyo a la misma y el entusiasmo por aprender sus principios se volvió más significativo con el descubrimiento de las implicaciones sociales que se hallan intrínsecamente relacionadas con su estudio. La psicología política puede ayudar también a un rediseño profundo y pertinente de la imagen de la psicología como una disciplina de interés social y colectivo, superando de esta forma las limitaciones actuales que no logran enfatizar lo suficiente su potencial de transformación de la calidad de la vida humana. En un sentido más amplio también podrá colaborar en la reorientación de las políticas e iniciativas públicas para dirigirlas hacia metas, acciones y soluciones a los problemas de la población que puedan encontrarse mejor fundamentadas en el conocimiento científico del comportamiento, y no simplemente en la conveniencia pasajera o el dogmatismo político. El Paraguay ostenta una historia rica y una cultura tan compleja y singular que la exploración sistemática de las interacciones entre el entorno y las cogniciones asoma tan vasto que parece constituir una fuente inagotable de problemas de investigación para el observador ávido. En este peculiar sentido la psicología política está en condiciones de cumplir su faceta más estrechamente relacionada con el perfil elemental de su reconocida condición científica, descubriendo en un análisis comprensivo y explicativo los nexos fundamentales que conectan la cultura, el aprendizaje y el accionar político.

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