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Cahiers de Psychologie Politique

Retomar los conceptos de Ernesto Laclau, es intentar repensar o re-significar ciertas categorías políticas, es una invitación a proponer debates, discusiones, reflexiones, instancias indispensables en la construcción de lo político. Algunos de estos debates, constituyen añejas discusiones en esta parte del continente, pero algunos otros, por razones de conveniencia o de evasión intelectual, aun ni siquiera se encuentran abiertos.

Transitar o recorrer su obra, es abrir estas discusiones, es desafiar ciertos análisis simplistas y o interpelar ciertos saberes convencionales. Sabemos de La complejidad de su obra, complejidad que tal vez radique en cierta parte, porque la mayoría de sus conceptos, se entrecruzan, se enriquecen y se articulan en la añeja dicotomía de lo académico y lo militante.

Repensar esta dicotomía, es repensarla históricamente, porque las condiciones sociopolíticas actuales, invitan o habilitan espacios para la discusión política de estos dilemas. Por este motivo, pensamos en cuanto al rol que nos toca, generar una lectura que vaya más allá de su carácter descriptivo, una reflexión que implica superar el paradigma pretendidamente neutro del trabajo académico, una reflexión que problematice la concepción de que el nivel de involucramiento puede obstaculizar una reflexión crítica, es decir, intentar instalar un conocimiento que valla mas allá de la visión de los actores. Es a este proceso de reflexión y construcción que nos invita Laclau.

Es necesario detenerse en al análisis de varios de sus conceptos, como mencionábamos, el contexto sociopolítico vigente, presenta nuevos desafíos y nuevas lecturas, desde hace varias décadas vienen apareciendo nuevos procesos sociales y políticos que configuran nuevos escenarios en buena parte de América latina, pero que también presentan nuevos peligros y nuevas amenazas. Pensemos por ejemplo, existe cierta unificación de criterios en cuanto a la crisis del modelo neoliberal, sus consecuencias políticas, estructurales, económicas y demás, e incluso predomina un discurso antiliberal en la mayoría de los países de la región, pero esta unificación o apropiación de los conceptos, no significa la superación o derrota de este modelo político, y aunque en algunos países se evidencia su fracaso político, no lo ha sido en el plano cultural. Principalmente por este motivo, creemos que todos estos procesos nos obligan a la exigencia de ampliar nuestros registros analíticos, de desnaturalizar nuestros propios paradigmas de investigación académica, nos obliga a preguntarnos sobre nuestros propios horizontes, sobre nuestras propias posibilidades y compromisos en la construcción de un nuevo escenario, En este proceso de repensar, resignificar o simplemente retomar ciertas categorías políticas, es necesario intentar hacerlo, más allá de ciertos estereotipos que manejan los manuales, tratar de visualizar que la realidad es mucho más compleja que ciertos conceptos instituidos como marco de referencias, y que estos, en muchas ocasiones limitan la construcción de nuevos formas de entender la realidad.

Un breve recorrido por algunos de sus conceptos, como la construcción de sujetos colectivos nuevos, la revalorización o resignificacion del populismo, la construcción de hegemonía, la construcción de la democracia mas allá de las transformaciones de la economía y del estado, Nos permitirá pensar la construcción política, más allá de las oposiciones binarias o lógicas antagónicas. Pensamos que, recuperar las lecturas de Laclau, nos permite ir construyendo nuevas categorías políticas, nuevos sujetos políticos, nuevas alternativas políticas, que oscilen entre el pensamiento y la acción, la teoría y la praxis transformadora.

Las obras de Ernesto Laclau, recorren innumerables temáticas, y pueden ser analizadas desde una multiplicidad de marcos teóricos, en este trabajo específicamente, la aproximación a su obra se referencia en lo que denominamos Psicología Política Latinoamericana. Intentar esta aproximación, es instalar discusiones que vallan a contramano de de ciertos saberes convencionales, pero es el mismo autor, quien incita a tal discusión, al cuestionamientos de conceptos históricamente utilizados en esta parte de la región, como el de unidad nacional, ya que este, resultaría demagógico sino se contempla en ello, la discusión, la confrontación, el dialogo constante entre diferentes lecturas e interpretaciones de un fenómeno político. Para Laclau, si este fenómeno no sucediera, en la mayoría de los casos comenzaría a emerger la indiferencia, por ende más de lo mismo, y esto es lo peor que le puede suceder a la profundización de cualquier sistema democrático.

Despierta algunos interrogantes desde mi consideración, la poca relevancia que se le ha dado dentro del campo de la psicología a la obra de Ernesto Laclau, e incluso dentro de la misma Psicología política, resulta paradójico porque su obra interroga sobre la conformación de identidades colectivas, categorías como representación, democracia, heterogeneidad social, temáticas  indispensables para indagar en nuestro campo de

estudio, pero también es muy sabido, que en reiterados momentos históricos de la región, la omisión de algunos autores, en cualquier campo disciplinar, no fue una omisión casual.

Ahora bien, si consideramos nuestro campo de estudio, como una herramienta para interrogar sobre cómo influyen determinadas variables políticas, económicas, sociales, culturales sobre los procesos de subjetivación, autores de la talla de Laclau resultan una buena morada para reflexionar dentro de la misma disciplina. En el siguiente esbozo, intentaremos aproximarnos, a la lectura de algunos de sus conceptos.

En este último tiempo, la figura de Ernesto Laclau ha estado muy presente en las discusiones en torno a la política regional, para ejemplificar esta situación, es tan variada su lectura e interpretación, que en un determinado momento, Hugo Chávez  manifestó abiertamente que unos de su libros de cabecera era “la razón populista”, mientras que en la última elección presidencial , en la misma Venezuela, el candidato de derecha Henrique Capriles , también manifestaba que su formación y posicionamiento ideológico en cierta medida, estaban inspirados en la lectura del mismo libro, este sería un claro ejemplo, de la complejidad de los conceptos elaborados por Laclau. Pero es en esta complejidad, donde radica la importancia de su obra, donde se evidencia que las categorías políticas formuladas por Laclau, no son buenas ni malas, sino una de las tantas formas que encuentran la construcción de lo político.

En esta última década, el resurgimiento de movimientos de tendencia Nacional-Populares en América Latina, permiten retomar algunos conceptos de Laclau, para intentar aproximarnos a entender, la construcción de sujetos colectivos nuevos, ya que en el concepto de “populismo” el autor engloba, todo el proceso de construcción que se desarrolla en la conformación de identidades sociales.

El autor comenta, en un primer momento tal vez sería necesario rescatar el concepto de una posición marginal que lo han ubicado las ciencias sociales, ha sido un simple opuesto de formas políticas dignificadas, y que esta relegación del populismo, solo ha sido posible porque desde el comienzo ha habido un fuerte elemento de condena ética en la consideración de los movimientos populistas, el populismo no solo ha sido degradado sino también denigrado, su rechazo ha formado parte de una construcción discursiva de cierta normalidad, de un universo político aséptico del cual debía excluirse su peligrosa lógica.

En cierta medida esto es indispensable, porque tal vez esta re significación del término, nos permitirá entender que el populismo no es ni bueno ni malo, incluso la lectura de Laclau, nunca intenta encontrar que es el populismo, sus lecturas están destinadas a demostrar todo lo contrario , en el sentido que el populismo no tiene ninguna unidad referencial, porque no está atribuido a un fenómeno delimitable, simplemente es una lógica social que se expresan en una variedad de fenómenos, es entender que el populismo desde la perspectiva de Laclau, es solamente un modo de construir lo político.

En el largo recorrido histórico, revisando una multiplicidad de autores que analiza Laclau en su obra, se manifiesta que la denigración del populismo como fenómeno político, no solo se evidencia en este fenómeno solamente, sino en lo que se denomina la denigración de las masas como fenómeno de construcción política, los mismos conceptos de (marginalidad, demagogia, manipulación) son utilizados para ambos fenómenos, incluso cuando se habla de “pueblo” o incluso cuando se habla de “multitud” siempre en oposición a la institucionalización y la estructuración social como parámetros de una política legitima.

Pero creo entender que es aquí, en este contraste, en esta dicotomizacion de la política, donde radica uno de su puntos más controvertidos pero fundamentales para entender cualquier práctica política, cuando Laclau habla de la institucionalización de la política o la pura manifestación populista como dos formas bien diferenciadas de ejercer la política, es en este contraste donde cuestiona seriamente los discursos de armonía política, de apelar al concepto de unidad nacional para llegar al poder, que la dicotomizacion del espacio político es la esencia misma de la construcción política. Siempre recuerda la frase de Henri de Saint Simón, este filosofo del Socialismo Utópico, donde la premisa era pasar del gobierno de los hombres a la administración de las cosas , retomado y desarrollado por Marx para describir una sociedad comunista, es en este contraste donde se puede evidenciar ,que es impensable un régimen totalmente institucionalista o un régimen totalmente populista.

Revalorizar la importancia de la confrontación, la discusión, la dicotomizacion política como una vía indispensable para profundizar la práctica democrática, e incluso sino emerge esta dicotomizacion puede resultar desembocando en la indiferencia política, por ende más de lo mismo.

Resulta muy interesante como Laclau para argumentar la necesidad de dicotomizar el espacio político, desarrolla dos formas o dos lógicas para explicar la construcción de lo social, mediante las cuales las dos formas llevan a justificar una forma de gobierno populista y una forma de gobierno puramente institucionalista. Es en la descripción de la “lógica de la diferencia” y la “lógica de la equivalencia” donde se dirime la cuestión, según Laclau es en la lógica de la equivalencia una precondición para el surgimiento del populismo pero claramente a expensas de la lógica de la diferencia.

Es en este proceso, donde emerge el cuestionamiento que realiza de la noción de un Estado benefactor, garante de toda demanda política, que mediante una lógica diferenciada, llevaría invariablemente a una individualización de la demanda, a una lógica puramente institucionalista, por ende reemplazaría la política por una administración, pero es necesario aclarar que en las sociedades modernos donde predomina el neoliberalismo, el estado es remplazado por el mercado, para el cual es aplicable la misma lógica.

Por contraste, y para explicar la “lógica de la equivalencia” que no necesariamente intenta eliminar la lógica de la diferencia, resulta ejemplificador la siguiente situación, pensemos que las unidades de un grupo Laclau las denomina demandas, por lo tanto un grupo seria según su descripción una articulación de demandas, sucede en un barrio un grupo de vecinos se une para reclamar a su municipalidad correspondiente por la falta de un colectivo que los traslade al trabajo, esta demanda no es aceptada, por lo tanto hay una frustración de la demanda social, pero al mismo tiempo se percibe que hay otras demandas que se encuentran alrededor de estas como (viviendas, salud, trabajo), entonces entre todas esas demandas se empieza a manifestar una cadena de equivalencias, dice Laclau, un todo en común ante el poder. En este momento se estaría ante la presencia de un estadio, podría decirse pre-populista, y es aquí el pasaje , o el punto de partida para cristalizar lo que sería un gobierno populista, si en este caso todas las demandas se cristalizas a través de un cierto símbolo que las identifique y las interpele como una totalidad, se estaría ante un gobierno populista, pero lo más significativo del desenlace es que estos símbolos serian en un 90 % líderes populistas, ósea todos ligados al nombre de un líder.

Creo que aquí, donde se manifiesta una lógica bien diferenciada, una sociedad donde se evidencia una absorción individual de las demandas, seria denominada una democracia demagógica liberal, o una absorción de demandas como una totalidad, en su gran mayoría gobiernos de carácter populista, populismo en cualquiera de su facetas, de derecha o de izquierda entendiendo que solamente es un modo de construir lo político.

Por este proceso de construcción de lo político, Laclau desestima la posibilidad de que los populismos resulten una amenaza latente, todo lo contrario si hay amenazas en la región devienen de concepciones neoliberales, porque en última instancia sus aplicaciones más acérrimas fueron implementadas en paralelo con dictaduras militares.

Las aproximaciones a la comprensión del “populismo”, devienen en un sinfín de lecturas, que llevaron a que en política, esta definición fuera aplicable a movimientos muy dispares. Pero en la mayoría de los casos, El populismo siempre vinculado a un exceso peligroso, que cuestiona los moldes claro de una comunidad racional, aproximaciones sostenidas en discursos que se exponen como técnicos o académicos, pero que también tienen su componente ideológico y político. El populismo no tiene unidad de análisis referencial, es uno de las tantas formas que encuentra la construcción de lo político.

De esta aproximación, se puede intentar analizar las consecuencias que tiene el populismo en ciertas categorías centrales de la teoría política.

Representación y democracia son dos categorías, que presentan una relación directa en los procesos de construcción de lo político.

En el análisis de la teoría de la representación política, se puede descubrir más complejidades de la trama del populismo. Se han formulado diversas lecturas respecto a la noción de representación, incluso en ella, en general siempre predomino la dicotomizacion de las posiciones, fenómeno similar a la concepción del populismo. Representaciones que oscilan entre, representación del líder, contemplando la voluntad de sus seguidores, o representación denominada “inversa”, que el seguimiento refleja exclusivamente la voluntad de un líder.

Sabemos que a lo largo del tiempo, se lograron construir hegemonías en torno a las representaciones, en muchos casos a través de ciertas naturalizaciones, producciones de un cierto sentido común que se llevaron a acabo de una manera paciente y perseverante. Pero pensemos dice Laclau, como se lleva adelante este proceso en un sistema democrático.

Desde el comienzo mismo del análisis, es posible inferir que la representación es una categoría cuestionable dentro del sistema democrático, y que uno puede apelar a ella, solo como imposibilidad de una democracia más directa en naciones tan inmensamente pobladas, entonces Laclau, reafirma la idea de que la representación es solo concebida como un mal menor dentro del sistema democrático. A partir de este a priori, es cuando se comienza a pensar el sistema representativo democrático, y la búsqueda de su mayor credibilidad posible.

En este recorrido, una puede concluir, que la credibilidad de ese representante está sostenida en que debe transmitir lo más fielmente posible, la voluntad de a quienes representa. Pero es aquí, donde Laclau afirma que existen buenos motivos, para pensar en que esta afirmación, es equivocada. La función del representante no solo es trasmitir la voluntad de los representados, sino dar credibilidad a esa voluntad, de una manera diferente en la que originalmente fue constituida, la voluntad es concebida en general, por un grupo, un sector, una parte de la sociedad, y será función del representante demostrar que es compatible con el interés de la comunidad toda. Esta función activa del representante, esta añadidura, presenta modificaciones en el proceso de la representación, existe un proceso de modificación en la identidad de los representados como producto del proceso mismo de representación. Es así dice Laclau, como la representación constituye un proceso en dos sentidos, un movimiento desde el representado al representante y un movimiento correlativo desde el representante al representado, en representado depende del representante para la constitución de su propia identidad.

De esta manera, podemos arribar a una necesaria articulación entre el sistema representativo, y la viabilidad del sistema democrático, pensemos en sectores excluidos, marginales, con serias dificultades de acceso a las demandas configuradas por la comunidad como un todo, ahí encontramos el componente indispensable del representado, para incorporar estos sectores marginales en la esfera pública, quiere decir, legitimar la esencia misma de la representación democrática.

La siguiente conclusión, nos posibilita pensar, que está idea bastante instalada como parte del discurso político dominante, pronunciada de manera recurrente en campaña electoral, que promueve como premisa, la idea de un gobierno para todos , pero donde radicaría el quiebre, o el pasaje de la fabula discursiva, al pragmatismo político, es en esta encrucijada donde Laclau plantea, que la tarea del representante no solo es democrática, no solo es trasmitir la voluntad de los representados, sino también proveer un punto de identificación que constituirá en actores históricos a los sectores que está conduciendo. La representación como un mecanismo de homogeneización.

Este en el punto de encuentro entre los diferentes actores en la construcción de lo político. Pensemos que es el representante quien determina un punto de encuentro, un punto de identificación, en un proceso de relación dialéctica, emerge la construcción de un pueblo, o de esta categoría. Conclusión, esta construcción sería imposible sin los mecanismos de la representación, la identificación con un significante vacio, en términos de Laclau, es la condición indispensable en la emergencia de un pueblo, pero este significante vacio solo resulta ser punto de identificación, porque representa una cadena equivalencial. En la emergencia de un pueblo, según Laclau, se encontraría presente, este doble movimiento que describimos en este proceso de representación.

Entonces, la función homogeneizante del significante vacio, constituye la cadena de equivalencias, y al mismo tiempo las representa, las dos caras de la representación mencionada, dice Laclau, la conclusión es clara : toda identidad popular tiene una estructura interna que es esencialmente representativa.

Pensemos que si la categoría de representación nos posibilita entender ciertas lógicas internas del populismo, el populismo permite entender o aproximarnos a la esencia misma de la representación política. Pasemos ahora, a ver que nos dice Laclau, sobre la democracia y la conformación de las identidades populares.

Desde mi perspectiva cando Laclau intenta describir los movimientos políticos latinoamericanos, hace una clara distinción, entre lo que significo la fusión creciente que se manifestó en Europa entre el liberalismo y la democracia, ya que en un primer momento se puede pensar que la democracia era concebida de manera peyorativa en Europa, a principio del siglo XIX, ya que estaba asociada al jacobinismo, por el contario las instituciones liberales eran respetables, pero en un proceso progresivo se fueron acuñando articulando con el liberalismo, para convertirse en lo que hoy predomina como democracias liberales. En América latina en general, ocurrió algo muy diferente ya que la emergencia de la democracia en la mayoría de los casos, vino en paralelo de reiterados golpes de Estado, y de gobiernos de características muy nacionalistas, por lo cual solo en las últimas décadas se puede considerar que la región estaría transitando por el camino de democracias liberales, pero con un fuerte contenido estatista.

Esta aclaración, resulta necesaria para empezar a entender la articulación posible entre liberalismo y construcción de sujeto democrático, articulaciones que varían según el contexto sociopolítico en él que se inscriben. Es en esta relación reciproca entre populismo y democracia, donde Laclau, apela en el análisis a los conceptos de Chantal Mouffe.

No alcanza necesariamente con una descripción minuciosa de las formas de democracia moderna, es necesario a priori realizar distinciones dice Laclau, en cuanto a lo que se entiende como democracia, esta como forma de gobierno, ósea, como principio de soberanía de un pueblo, y lo que se puede entender como el marco simbólico del cual el gobierno democrático se ejerce. Esta distinción, permite comprender la evolución de la democracia moderna, ya que el principio democrático que consistía en “el poder debe ser ejercido por el pueblo”, contemplado dentro del universo simbolico liberal, se manifiesta en el énfasis sobre el valor de las libertades individuales y los derechos humanos. Lo que para determinadas lecturas, que inscriben de manera naturalizada, la democracia como forma de democracia liberal, es reformulada por Laclau, ya que estas tradiciones solo son propias de una articulación contingente.

La Tradición liberal (la ley, derechos humanos, libertades individuales), como la tradición democrática (igualdad, identidad entre gobernantes y gobernados, soberanía popular), son propias de una relación contingente histórica, por ende otras articulaciones también son posibles.

Pero esta relación contingente, tiene una lógica interna que la determina y la consolida como única forma viable, y esto que Laclau define como fracaso de las teorías democráticas actuales, que abordan el tema de la ciudadanía, pero que también puede concebirse como el éxito de los que definen la democracia liberal como la panacea de todos, es la lectura de percibir a los individuos como anteriores a la sociedad, portadores de derechos naturales, sujetos racionales, abstraídos de sus relaciones sociales, de su lenguaje, de su cultura, de cualquier práctica social, en definitiva dice Laclau, se excluye la cuestión misma de las cuales son las condiciones de existencia de un sujeto democrático.

Existe una multiplicidad de aspectos a evaluar al momento de formular cualquier teoría democrática, pero siempre contemplando el espacio de discusión, de confrontación, de dicotomizacion, y de poder pensar en la posibilidad de renunciar al sueño de un consenso racional.

Ahora sí, podemos arribar a la articulación posible entre populismo y democracia, en cualquier proceso de construcción de un pueblo, es condición fundamental el funcionamiento democrático. Dice Laclau, sin la producción de vacuidad (tipo de identidad, no ubicación estructural), no hay pueblo, no hay populismos, pero tampoco hay democracia. La vacuidad como construcción política, no pensando la vacuidad como un vacio, por el contrario existe la vacuidad porque ella apunta a la plenitud ausente de la comunidad, vacuidad y plenitud, como un mismo estado.

En esta lectura, existe un intento de comprender a La democracia, mas allá de las lógicas convencionales, ya que según Laclau, la viabilidad democrática solo puede ser posible, con la existencia de un sujeto democrático, cuya emergente depende de una articulación entre demandas equivalenciales. Como mencionamos anteriormente, este conjunto de demandas equivalenciales articuladas en ese significante vacio, es lo que en definitiva constituye un “pueblo”. La democracia será posible si se constituye un “pueblo democrático”.

Conclusión, quedaría en evidencia, que en esta articulación entre liberalismo y democracia, deberían contemplarse que ambas, consisten en demandas diferentes, no son excluyentes, porque en la construcción de la identidad de un “pueblo”, nada está determinado, nada está definitivamente fijado, por lo tanto podría ser, una de las tantas articulaciones posibles.

Podríamos empezar a tejer una infinidad de interpretaciones de los movimientos latinoamericanos, de cómo se fueron construyendo sus liderazgos populistas, pero entendiendo que Laclau, solo nos permite entender las lógicas de funcionamiento de esa construcción, pero no nos proporciona ninguna unidad referencial, solo ciertos conceptos para entender, que “la razón populista”, es precisamente, un modo de construir lo político.

Tal vez podríamos arribar a una interpretación sobre la política regional, si la construcción de identidades populares, requiere de cadenas equivalenciales de demandas insatisfechas, quiere decir, que debe existe como primer momento, una crisis, o ciertas dificultades en el ejercicio de un gobierno, esto nos puede aproximar a entender, porque en la región, esta mas predispuesta a la existencia de movimientos populistas.

La multiplicidad de demandas fragmentadas, la familiaridad de esas demandas, los gobierno bajo liderazgos personalistas, la efervescencia política de la juventud, la construcción de una identidad regional, variados elementos para retomar el  populismo de Laclau como unidad de análisis.

Es en este escenario, donde se puede visualizar la construcción de sujetos colectivos nuevos, pero también comprender ciertos gobiernos liberales, que mediante eufemismos de un gobierno colectivo, presentan lo que Laclau, denomina un populismo de circo (aquí no habría absorción de demandas).

Lejos de de pensar en un revisionismo lineal y acrítico de Laclau, es necesario pensar que hay una multiplicidad de lecturas validas de la obra de Laclau, y esto transciende la lectura bíblica del texto, sabemos de grandes pensadores, que formaron escuelas y aprisionaron sus pensamientos, el revisionismo consiste precisamente en recuperar el carácter subvertidor de ese pensamiento, recuperar lo no pensado, desarmar las dogmatizaciones que se construyen alrededor de un campo de conocimiento.

Para concluir, creer en la necesidad de que nada está definido de ante mano, que las direcciones a tomar de la política regional, dependen del grado de compromiso de todos, que el divorcio de las practicas académicas y militantes son una falacia, que en vías de construir legitimidad, credibilidad y demás, es necesario pensar nuevas vías de articulación posible entre ambos concepciones, que es necesario un nuevo modelo de investigador militante comprometido con su realidad.

Pensemos en la reflexión que nos deja Laclau, en cuanto la construcción de la hegemonía política, que mediante nuevas caras, nuevos ropajes, o nuevas simulaciones, van reciclando su faceta neoliberal. A estos efectos, el sector social dominante promueve la formación de intelectuales orgánicos y se sirve de los mismos para imponer su concepción del mundo e incidir sobre el modo de pensar de los dominados a los efectos de que estos vivan su sometimiento y la supremacía de aquéllos como algo natural.

Este bloque hegemónico, amalgama a todas las clases sociales en torno de un proyecto de la burguesía, proyecto que se presenta como colectivo, pero que resulta ser la panacea de unos pocos.

Laclau, E. (2005) “La razón populista” editorial fondo de cultura económica. Buenos Aires, Argentina.

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Rodriguez Kauth, A. (1992) “Psicología Social, Psicología Política y Derechos Humanos”. Ed. Topía ; San Luis, Argentina.

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