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Cahiers de Psychologie Politique

El artículo presenta, con enfoque de género, un análisis crítico sobre la subjetividad femenina y la forma en que en ella se articulan los discursos de la ideología, a partir de la triangulación de expresiones representacionales de género en un texto cinematográfico, con los índices de desarrollo humano y desarrollo humano de género del Informe del Desarrollo Humano en Chile (PNUD 2010). Desde una metodología mixta (cuanti-cualitativa) y complementando procedimientos inductivos y deductivos, se realiza una aproximación al objeto de estudio (subjetividad femenina) que da cuenta tanto de su dimensión profunda como extensa.
Como resultado se propone una interpretación comprensiva de la subjetividad femenina, discutida en relación al Desarrollo Humano (IDH, IDHG, Índice de poder subjetivo e índice de individuación) y la Ideología, que ilustra el ineludible desasosiego con que en Chile las mujeres subjetivan su proyecto de vida.

Introducción

Si pensamos en el actual cuerpo disciplinar de la Psicología, podemos reconocer en él una fuerte tensión entre las complejas tramas de problemas a las que dirige su mirada y la marcada aspiración modernista y de legitimación científica que ocupa a su discurso; lo que imprime a su quehacer un marcado sello de empirismo y tecnicismo que obtura muchas de las reflexiones y lecturas necesarias a la comprensión de su objeto. Esta situación se aleja de la posibilidad de desarrollar una reflexión crítica que pueda dar cuenta de explicaciones vinculadas a sus necesidades prácticas y marca el tipo de vínculo con los que se relaciona con otras disciplinas de las Ciencias Sociales, también refleja el abandono que ella ha hecho de discursos que desde paradigmas alternativos consideren conceptos propios de una Psicología renovada.  

No obstante este sesgo positivista de “cientificismo” y “objetivismo” que tiene la Psicología, debemos reconocer que ella se esfuerza por proponer una mirada propia respecto de la comprensión y posibilidad de acción sobre y desde el sujeto contemporáneo.Postura que impone una práctica disciplinar que por sí misma plantea exigencias de aproximación al conocimiento del sujeto social que impliquen la creación de espacios para el desarrollo de nuevas comprensiones sobre las problemáticas de estos tiempos, que resistan los intentos totalizadores y deterministas de la teoría hegemónica (Sloan, en Moreira & Sloan, 2002), así como a la ideologizada sistematización de la vida intersubjetiva del hombre actual, que lo posiciona necesariamente en un lugar social de predominio netamente individualista.   

Esta necesidad de comprender al individuo de nuestros tiempos, corrientemente denominado “postmoderno”, hace que el debate aquí planteado no pueda ser neutro e inocente y que adopte una posición crítica que no sólo trate de develar el desarrollo teórico de la Psicología, sino que también trate de adoptar una postura afectada de ideas sobre la sociedad misma, abriendo espacios de discusión en un proyecto disciplinar que si bien se vende como ejercicio “científico” ateórico, despolitizado y no ideológico, necesariamente da cuenta de lecturas tradicionales y totalitarias en relación a la formulación de sus objetos, conceptos, teorías y prácticas de estudio.

Así, el ocaso de grandes relatos sociales como el del psicoanálisis y el marxismo no sólo han dejado al sujeto actual huérfano y desprovisto de discursos que le otorgaron sentido, sino que también contribuyeron a oscurecer a la teoría psicológica, dejándola en la opacidad de la descripción de su objeto, situación que no refleja los matices de su subjetividad ni las mediaciones socio históricas que lo constituyen (Sloan, en Moreira & Sloan 2002); y que sólo hace esfuerzos por captar y fijar el comportamiento en modelos explicativos y conceptos, que en tanto excluyen los aspectos subjetivos, simbólicos, históricos, culturales e ideológicos de la vida humana, sólo nos permiten la ilusión de conocerlo.

El hombre de hoy emerge entonces en el espacio de la subjetividad, la  que ya no puede ser abordada ajustándose a las coordenadas teóricas y metodológicas entregadas por la búsqueda cientificista del objetivismo, por lo que quizás debiera hacerse siguiendo una línea inspirada por los vientos postestructuralistas y deconstruccionistas ya sugerida por la Teoría Crítica en la dialéctica negativa postulada por Adorno (Adorno, 1973).

Se plantea aquí, por tanto, la posibilidad de reconocer en la subjetividad un nuevo lugar donde puede tomar forma el develamiento del discurso ideológico, en la medida que se haga un análisis que permita traslucir y orientar la comprensión de los procesos constructivos que otorgan los sentidos y teñimientos con que actualmente se marca el sujeto contemporáneo.

De otra parte, en la época actual, las instituciones de la modernidad son las que ejercen un particular modo de influencia sobre la construcción social de significados y la subjetividad, con el consecuente impacto en aspectos identitarios del sujeto y por supuesto en las prácticas de la vida cotidiana en sus diversas instituciones sociales (familia, educación formal, trabajo, otros), en las representaciones de sí mismo o de otros, y en la articulación de un conjunto de componentes existenciales y estilos de acción, de afecto y de pensamiento que juegan un papel ideológico en la vida social. Concordando a rasgos generales con lo planteado por Thompson (1984) como ideología, es decir, un sistema de prácticas y representaciones que sustentan y reproducen relaciones sociales caracterizadas por opresión y dominación, como por ejemplo el sexismo, el género, el racismo y otros; planteamos que en los rastreos de las características con que se expresan en lo social las relaciones del género y sobre todo de la subjetividad, podríamos inferir, al menos parcialmente, algunas de las configuraciones de expresión de la ideología.

Estas afirmaciones aluden también a la escisión de los afectos y al daño subjetivo caracterizado como propio de la modernidad, ya que como señala el psicoanalista Naffah Neto, se hace necesario relacionar la noción de subjetividad con la noción de espacio interior, de vacío, de morada de experiencias de vida, percepciones, pensamientos, fantasías, y sentimientos que necesariamente son registrados como territorios preferentes de expresión (Naffah Neto en Calderón & Loayza, 2002).

El Desarrollo Humano (DH) tal como lo sistematiza el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 1996)se ha ligado a la noción de subjetividad y se torna objeto de análisis asociado a varios contextos tales como la familia, la sexualidad, la violencia, las relaciones de poder y otras y ha sido definido en relación a procesos de constitución de campos y modos de experiencia humana. Como tema de interés social, ha surgido en relación a la reflexión sobre los desafíos que enfrentan los países y las personas en relación tanto a la superación de la desigualdad como al desarrollo de la calidad de vida y su institucionalización en políticas públicas. Su construcción conceptual, entonces, sustenta los procesos de ampliación de opciones de las personas y colectivos más allá de sus necesidades materiales, incorporando a la noción de desarrollo la temática de la condición ideológica y subjetiva que dice relación con significados, sentidos y propósitos de vida que valoran la optimización de los parámetros subjetivos en personas, comunidades y sociedades.

Los matices del género, en el DH, se han convertido en una expresión frecuentemente utilizada en variados contextos, que han sido cultivados por diferentes disciplinas. En estos ámbitos de estudio se interpretan los profundos cambios culturales que acontecen en nuestra realidad social, que dicen relación con la constitución de nuevos actores y sus intercambios simbólicos en torno a temáticas personales, sociales y culturales, género, ciudadanía, diversidades, identidades, entre otras (Magaña, Silva & Rovira, 2010). Tramas de reflexión que nos permiten dar cuenta de la complejidad con que se producen las interfases individuo-cultura, y las nuevas dimensiones y tensiones en la singularidad de la experiencia de vida y los contextos societales. (CEPAL, 2007)

En esta lógica, la preocupación actual del DH realiza una mirada especial al estudiar y analizar a las mujeres y las condiciones de desarrollo y la subjetividad que las involucra (Magaña, Calquín, Silva & García, 2011). En efecto, el género como categoría explicativa de la construcción social, ideológica y simbólica de la diferencia de hombres y mujeres en base al sexo, se hace necesaria para cualquier lectura o aproximación comprensiva de la subjetividad de hombres y mujeres.

Si bien la Psicología en su corriente médica fue una de las primeras en incorporar nociones de género, en la década del 60 del siglo XX, en su desarrollo contemporáneo ha soslayado el concepto, así, en los espacios donde la noción de subjetividad debiera adquirir un valor gravitante, el género se ha visto desligado de ella, siendo ambos excluidos como categoría analítica. Esta mirada sobre el género, sin embargo, se ha hecho desde otras lecturas sociales, en la medida que se han visto forzadas a instalar en sus textos la presencia de las mujeres (como lo hace el cine en el contexto de los estudios visuales), y representando lo femenino en sus dimensiones del DH y el bienestar subjetivo, de manera incluso más explícita que la Psicología.       

El cine se convierte entonces en una “vía regia” y soporte para las representaciones de subjetividades como la femenina, y ha devenido en un depositario material para el estudio de lo enunciado por Moscovici en su concepto de representaciones sociales (Moscovici en Mora, 2002). En efecto, las representaciones sociales (RS) como fenómeno -construcción subjetiva que media tanto al concepto y a la percepción, la cognición y la significación y las actitudes y prácticas sociales- (Betea & Negrescu, 2011), es también un puente entre la subjetividad personal y la intersubjetividad social que articula entre varias expresiones sociales las de la ideología y el género. Por tanto, en la construcción y reconstrucción social de la representación del género, reconocemos a la cinematografía como uno de los articuladores con mayor protagonismo.

Nos hemos propuesto, así, en este artículo, tomar como bases materiales de análisis tanto el Informe de Desarrollo Humano en Chile (PNUD, 2010) (ya que hace referencia especifica al género) y una película chilena: La Buena Vida (Pereira, 2008) que hace referencia a la sociedad nacional y subjetividades en sus diferencias de lo masculino y femenino.          

Método

Dado que nuestro objeto de análisis en este artículo busca relevar la subjetividad singularizada por la condición de género en la relación con los procesos de individuación propios del contexto chileno de modernización, realizaremos una aproximación metodológica mixta que privilegie un enfoque comprensivo y general, y que permita triangular datos desde las fuentes cuanti-cualitativas antes mencionadas, dando cuenta tanto de su dimensión profunda como extensa.

La perspectiva cuantitativa del IDH nos aproxima al objeto en forma deductiva, caracterizando a sus representaciones desde datos de su realidad. Por su parte, la perspectiva cualitativa nos proporciona una visión  inductiva y descriptiva (Taylor & Bogdan, 1994), que nos exige estudiar el fenómeno donde éste se representa (el cine), poniendo atención a los procesos subjetivos de los mismos (Krause, 1995).

Sin desconocer el hecho de que el punto de partida de la investigación es deductivo y que los conocimientos acumulados desde la perspectiva de género nos permiten inferir algunas caracterizaciones de lo femenino, es necesario señalar que el énfasis en el enfoque cualitativo nos facilita realizar una comprensión del tema a partir de fuentes (el cine) que no provienen de un modelo preconcebido (Taylor & Bodgan, 1994).

Antecedentes Contextuales

I. Ideología y Representaciones del Género desde el IDH 2010 en Chile

El último Informe de Desarrollo Humano en Chile (PNUD, 2010)se ha centrado en la preocupación por las interrelaciones entre hombres y mujeres, señalando en esa articulación el lugar donde adquieren cuerpo las representaciones de las diferencias del género. Éste sistematiza al género como el sistema de atribución social de identidades, significados, poderes, funciones y expectativas referidas al cuerpo, al sexo y su condición social, abriendo la condición femenina a complejas realidades ideológicas, simbólicas y subjetivas (Magaña & Pallavicini en Zambrano, Rozas, Magaña, Asún & Pérez-Luco, 2007).

A pesar de los notables avances que se han experimentado en las últimas décadas respecto de las oportunidades de las mujeres en los marcos legales y de algunas políticas que promueven la igualdad de género en nuestra sociedad, aún existen obstáculos que subyacen a su representación subjetiva, revelando esto último la tensión y el dramatismo con que en la sociedad chilena se produce la visualización de esta diferencia.

El informe nos muestra que la distancia entre el Índice de Desarrollo Humano relativo al Género (IDG) –disparidad en el nivel de desarrollo humano entre sexos-, y el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de Chile –índice de calidad de vida establecido por Naciones Unidas- se ha reducido en un 95%, sin embargo, esto no refleja la percepción de distancia desde la condición subjetiva del género.

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(Fuente: PNUD, Informe de Desarrollo Humano 2010, pág. 12)

En relación a la subjetividad, los indicadores dan cuenta de que, si bien existen cambios para la mayoría de la población, persiste una consistente percepción sobre la necesidad de superar desigualdades de género y una importante influencia de éste en la realización de vida. Otros datos reflejan la relativa distancia entre su igualdad valorada y la efectivamente vivida.

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Elaboración propia según datos PNUD, 2010

Indicadores subjetivos como la autonomía personal, la confianza en sí mismo y la realización personal tampoco son indiferentes a los sesgos de género, y dichas dimensiones cambian sustantivamente dependiendo de las condiciones de las mujeres en relación a su inserción en los ámbitos públicos o privados y el mercado laboral. De hecho existen grandes diferencias entre sus respuestas, si cuentan con un empleo remunerado –ya que éstas se sienten realizadas con lo que hacen- y si no lo tienen (PNUD, 2010).La escasa diferencia entre el IDG y el IDH oculta la distinción en la subjetividad, lo que revela la necesidad de otros análisis desde fuentes cualitativas que evidencien los nudos conflictivos del sentir femenino.

Las representaciones de las relaciones de género del Chile actual dibujan un interesante mapa sobre las ideologizaciones que éstas asumen y su influencia sobre las prácticas de las personas. En cada mujer y hombre hay un vínculo entre las imágenes que porta acerca de sus identidades y roles y la forma en que despliega sus relaciones con ellos. De esta manera, las ambivalencias se proyectan conflictivamente sobre las representaciones de las relaciones de género. Es decir, se siguen subjetivando estas supuestas desigualdades.

Además, aún queda latente en este recorrido la ausencia de una lectura comprensiva que permita complementar y restituir a estas mediciones la densidad y los matices que son propios de la ideologización del funcionamiento psicológico ante los convulsos cambios propiciados por los procesos de modernización.

II. Ideología y Representaciones del Género en un texto cinematográfico

El cine, que a decir de Zizek (2006) es crucial para entender el mundo de hoy, pues en él encontramos la dimensión esencial de las personas que persiste tras las apariencias que se escabullen en la realidad cotidiana, se nos ofrece como otra fuente para el rastreo de la subjetividad inicialmente discutida a partir de los indicadores del IDH (PNUD, 2010), y nos puede mostrar, como medio privilegiado, el modo de ser y las representaciones de las prácticas y formas de vida de la sociedad actual. Podemos entender al cine como una ventana abierta a la sociedad y a la subjetividad. El lente del cine circula modelos identificatorios, ideológicos, objetos de sublimación social, modos del vivir, de hacer y de pensar (Franco, 2006). El cine es una administración del deseo, una herida en la realidad (Zizek en Fiennes, 2006), una distorsión del mundo, de sentir y de actuar en él. Es tributario y a la vez portador de las representaciones (ideologia). Este supuesto inspirado en Zizek (1989) sobre el cine, permite pensar que, por ejemplo, los textos cinematográficos pueden otorgar sentido o invisibilizar el sin sentido de los relatos del género, tal y como se inscriben en la vida de las mujeres.

La obra de Wood, La Buena Vida (Pereira, 2008), adquiere valor particular al plasmar las formas singulares en que se inscriben los conflictos y particularidades de las condiciones de subjetivación y desarrollo que operan en la vida del Chile actual. Ya su título puede leerse como una invitación a cuestionar el aparente estado de bienestar armónico que el proceso de modernización le imprime a un Chile encausado en la consolidación de los ideales del progreso, propios de una sociedad aspiracional. Transmite una aproximación cauta y escéptica, sobre el devenir de las mujeres en distintos momentos vitales, armados ideológicamente, así como a la forma en que se inscriben y someten en relaciones de género signadas por la desigualdad de posibilidades de desarrollo, y por los constantes ocultamientos del malestar subjetivo asociado a ello.

Tomando la metáfora del film, Wood nos invita a un ver-recrear la cotidianidad de vidas anónimas urbanas insertas en el relato desencantado de la sociedad chilena, y hace un esfuerzo por reflejar su realidad a partir de las coordenadas de la subjetividad, buscando describir cómo en el tránsito público/privado se reflejan los desasosiegos propios de la sensación de una inevitable impropiedad vital; haciendo a este texto un medio posible para el conocimiento de las representaciones y la ideología imperante del género.

La revelación de ausencias relacionales entre personajes, vacío y vínculos estériles, reflejan el abandono moral que vive la sociedad chilena, siendo las protagonistas femeninas (una secuencia de mujeres en distintos momentos de su ciclo vital) las que confieren densidad a lo inasible de esta subjetividad.

Teresa (personaje central), es una mujer asediada por representaciones que dan cuerpo a su identidad, que articulan la internalización de formas determinadas por el género de vivir su femineidad. Mujer profesional, psicóloga y económicamente independiente, sigue los pasos de un hombre lejano y displicente en quien no encuentra validación que otorgue legitimidad a aquellas dimensiones de su ser autónomo que busca autoconceptualmente reafirmar. Transita espacios comunes portando la angustia de su soledad y cierta extrañeza vital.

Paula, hija adolescente embarazada, señala a su madre  (Teresa), con la indiferencia marcada por la ausencia de historia en su novela “La Buena Vida”, el carácter fragmentario de proyectos  vitales  tensionados constantemente por la imposibilidad de su consolidación.

Leonor, la anciana viuda, se atribuye ser la encargada de renovar en la memoria del hijo adulto la figura del padre muerto, hace ya varios años, con la cual busca generar una narración que provea de consistencia a la vida vivida, y poder decir al final del recorrido que esta fue buena.

En estas coordenadas, las mujeres de “La Buena Vida”, transitan relaciones con mayor o menor posibilidad de autodeterminación en los distintos espacios que habitan (con evidente centramiento en el privado); Paula y Leonor pareciesen situarse en un extremo contrario al de Teresa, que cuenta en lo público con autonomía económica y mayor capital social, expresión de “cierto” tipo de representación de mujer, tributaria de los cambios propiciados por los procesos de modernización. En estas tres mujeres su subjetividad resulta interpelada por los vínculos y significados desde los cuales se conciben a sí mismas, depositando legitimidad ideológica, dada desde el reconocimiento de un otro masculino presente o internalizado, pero transversal a la trama de significados y representaciones de feminidad.

Teresa sufre por su vulnerabilidad ante lo masculino, y su conciencia respecto de lo que debiese ser su condición femenina torna aún más árida la vivencia de la cotidianeidad. Su subjetividad está condenada a la impropiedad, ya que en las representaciones de género actuales, mucho de lo que se permitía a las mujeres ha quedado en una situación de proscripción: se sufre en el reconocimiento del sufrimiento.

Paulase encuentra constreñida a silenciar su conflicto, en el temprano desencanto con la vida que le ofrece la sociedad actual a las mujeres. Dicho silencio converge en una mirada atenta que habita espacios postergados y anónimos en su relación con los padres y restituye a un padre que más allá de su ausencia, confirma su inexistencia.

Leonor, aún viviendo una relación imaginaria con su marido muerto, deposita en las acciones de su hijo el sentido de triunfo o fracaso de su vida, y a pesar de sus reiterados intentos por posicionar la figura del padre en él, enfrenta permanentemente la imposibilidad de rehacer sus ideales en torno al esposo, siendo incapaz de dar continuidad biográfica a un proyecto vital truncado tempranamente, permaneciendo en una nostalgia atemporal.

Así, como Paula dice para el contenido de su novela, las mujeres de Wood viven vidas desprovistas de historias propias, en una sociedad de relatos ideológicamente anclados al pasado y sin posibilidad de renovación de su sentir.

Discusión y conclusión

Para otorgar un valor de complementariedad a los resultados de nuestras dos fuentes de información: IDH (PNUD 2010) y el texto cinematográfico (Pereira, 2008) puntuaremos aquí los alcances de una lectura atenta a la interacción entre la dimensión profunda de las representaciones del género y su evidencia extensa, considerando algunos de los conceptos utilizados en el abordaje de la relación ideología y subjetividad femenina; señalando la condición dinámica e interdependiente de éstas dimensiones.      

En este contexto, se reconoce la interacción entre lo social (ideológico) y lo psicológico en la dimensión del género, a través del sentido que éste tiene para el sujeto. De esta forma la representación alcanzada no sólo dependerá de las condiciones materiales externas sino también de las internas, es decir, de su autovaloración y la jerarquía de motivaciones y significados atribuidos a su realidad. En consecuencia, el núcleo central de la estructura subjetiva está marcado por las dimensiones que expresan el nivel de correspondencia entre las aspiraciones y expectativas trazadas por el sujeto hombre o mujer, y los logros que ha alcanzado o puede llegar a alcanzar.

Manteniendo la perspectiva de género, si se consideran las transacciones en los espacios público y privado, como escenario donde se despliega lo psicológico, resulta evidente la diferencia de la subjetividad de hombres y mujeres con que se vive dicho proceso. En la medida en que los referentes de la sociedad pierden sus clásicos significados de género, como garantes de certezas, en la elaboración de un sentido de vida individual adquiere una complejidad inesperada, de forma que en el proceso de individuación propio de la modernización se incuban retos inéditos en la diferenciación de hombres y mujeres. Los individuos se ven interpelados a diseñar y realizar sus proyectos de vida en ausencia de discursos ideológicos claramente diferenciadores entre lo femenino y masculino, coordenadas que en otro momento orientaron o incluso determinaron sus elecciones. En la actualidad sólo se mantienen algunos de los nexos afectivos, simbólicos e imaginarios como tramas que unen a las personas.

Además, los procesos de individuación, dan cuenta del grado de autonomía con que las personas gestionan sus proyectos de vida y opciones vitales, en la relación contextual definida en las coordenadas de lo público y privado, respecto de los mandatos del género y como expresión del estado de desarrollo alcanzado por las personas y su consecuente subjetivación diádica de género.

De otra parte, en el film, podemos considerar la subjetividad de sus mujeres como resultado de la valoración afectiva del grado de éxito o fracaso alcanzado en sus proyectos de vida, y la mantención, disminución o aumento de éstos desde el eje de la autonomía personal. Los personajes femeninos se presentan desde escenarios de relativa estabilidad, de aparente ausencia de conflictos asociados a desigualdades de género, no obstante, Teresa, Paula y Leonor, abren un campo de cuestionamientos respecto de la complejidad que subyace a los conflictos del desarrollo. Además, la atmósfera del texto cinematográfico visibiliza aquella dimensión del malestar femenino que sostiene un trasfondo a las condiciones objetivas y contingentes del género, cuya asimilación a medidas cuantitativas conlleva el riesgo de parcelar aspectos de lo femenino relacionados con las representaciones internalizadas en las construcciones de identidad de cada una de estas mujeres.

Otro factor asociado al cambio representacional es el proceso de individuación que acompaña a la modernización de la sociedad. Proceso en el cual las personas diseñan sus proyectos de vida en función de sus propias selecciones y no en línea con los mandatos ideológicos e institucionales de su posición en la sociedad. De esta manera, el índice de individuación del PNUD (2010), puede remitirnos en forma sensible a la dimensión íntima de los sujetos en su tránsito entre lo público y lo privado, y los intersticios sinuosos que la fragmentación de la modernidad ha generado. Se instala entonces, la necesidad de realizar un abordaje que reconozca y describa en el espacio de la subjetividad el lugar donde toman cuerpo las representaciones del género, y las formas singulares en que éstas son vividas en el proceso de individuación.

Los Índices de Poder Subjetivo e Individuación (procesos de autonomía e individuación respectivamente) dan cuenta solamente de la dimensión estadística, más no de la subjetivación del habitar la modernidad en los procesos de diferenciarse hombre o mujer. La posibilidad de conceptuar el desarrollo a partir de la subjetividad del género se encuentra ensamblada desde las prácticas que se le asignan en la cultura hegemónica. Vale decir: es en estas prácticas donde se juega la forma de habitar y articular un proyecto de vida que no se encuentre determinado desde las formulaciones de la  cultura androcéntrica.   

La autonomía y la capacidad de generar encuadres vitales que posibiliten un desarrollo humano integral, son factores condicionados desde determinantes instaurados a nivel ideológico en la cultura. Así, el desarrollo se encuentra atravesado por el  peso del género, ya que sus representaciones exigen visualizar la posición del otro al instante de generar encuadres vitales.

La noción de Poder Subjetivo -recurso teórico centrado en la percepción de la capacidad que cada persona tiene de ejercer decisiones relativas al logro de proyectos acordes a sus deseos y posibilidades de desarrollo-, revela la instalación de una subjetividad femenina, atravesada por la expresión representacional del género, graficada por la dificultad de proveer sentido a las propias experiencias, lo que configura mujeres con subjetivaciones en desasosiego, que mas bien yacen en un campo de incertidumbres indeterminadas.

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